jueves, junio 14, 2007

Xavier Navaza, 15-J, treinta años despues

XAVIER NAVAZA
15-j, treinta años después
¡Qué noche la de aquel día!
Durante la larga noche electoral del 15-J, en la sede central del PSOE, una gigantesca pantalla se encargaba de informar a los transeúntes de los primeros resultados del escrutinio. Durante varias horas, tras el cierre de los colegios, se había extendido la falsa idea de que los socialistas, con Felipe González a la cabeza, habían ganado las primeras elecciones de la Transición. Y aquella idea se propagó por toda Galicia, donde Francisco Vázquez y otros contribuyeron a crear la sensación de victoria cuando apenas se conocía el 10 por ciento de los votos. El optimismo corría a raudales: "Primer premio de la lotería electoral del 15 de junio. VENDIDO AQUÍ", rezaba una pancarta instalada en una de las ventanas de la sede central del Comité Federal del PSOE, en Madrid, siguiendo el inequívoco y llamativo estilo de la lotería nacional.
La alegría socialista contrastaba con las caras largas que habitaban Prado del Rey, donde los ejecutivos de UCD -que se reunieron durante todo el día con los directores de TVE- recomendaban precaución y silencio en tanto no hubiese datos y porcentajes significativos que reflejasen la realidad. De hecho, los vendedores de imagen de Adolfo Suárez, capitaneados por Rafael Ansón, habían preparado un macroprograma televisivo para mantener despierta la atención de los ciudadanos españoles mientras se realizaba el recuento de la jornada. Pero todo iba tan lento que, al final, los datos electorales pasaron a un segundo plano y todo el esfuerzo se centró en el espectáculo puro y duro.
Y para que la atención estuviese garantizada, se había trasladado a la noche del 15-J, miércoles, el programa de mayor audiencia de la temporada, que habitualmente se emitía los martes por la noche. La cosa se titulaba Esta noche... fiesta, y estaba dirigida por una de las principales estrellas de TVE, José María Íñigo. En total, los españoles que decidieron trasnochar recibieron una soberana ración de seis horas y cuarenta minutos de música y lentejuelas. Y todo para irse finalmente a la cama sin saber a ciencia cierta qué había pasado en el país.
El programa lo abrió Julio Iglesias y después apareció el ministro de la Gobernación, antecedente del actual Ministerio de Interior, Rodolfo Martín Villa: el escrutinio que disponían sus equipos abarcaba sólo el 0,73 por ciento de los votantes. Con aquella cifra, realmente, no había manera de sacar ninguna conclusión, aunque ya los tiros apuntaban hacia UCD y el PSOE. Hacia la una de la madrugada del día 16 de junio de 1977, apareció Albert Hammond en la pantalla. La canción elegida venía que ni pintada: Ansiedad, posiblemente nada más apropiado para describir las sensaciones de orfandad informativa que para entonces ya habían tomado cuerpo en todas partes.
A las 4.40 horas de la madrugada, Martín Villa, visiblemente cansado, proporcionó una nueva entrega de datos extraídos del el 9,17 por ciento del cuerpo electoral. A continuación, una película: El Marsellés. Eran las siete de la mañana cuando finalizó el festival televisivo, pero los desvelados españoles continuaban sin saber a ciencia cierta que a aquellas horas UCD ya contaba con 165 escaños en el Congreso, el PSOE con 118, el PCE de Santiago Carrillo con 20 y la AP de Manuel Fraga con 16. Cinco días después de los comicios, Martín Villa seguía luchando con los periodistas, que reclamaban con uñas y dientes los datos oficiales del 15-J.
LA JORNADA ELECTORAL del 15 de junio de 1977 estuvo preñada de imágenes que proyectaban la radiografía tradicional de España, donde los residuos del franquismo y las expectativas que creaba la democracia se entremezclaban en una oleada de cambio que recorrió el laberinto de parte a parte
UNA CUESTIÓN REAL
Los cuarenta y un senadores de la Zarzuela
A última hora de la tarde de aquel día, cuando ya los colegios electorales estaban cerrando, suena el teléfono en Compostela: "¿Don Domingo García Sabell?", pregunta al otro lado del hilo una voz ligeramente nasal. "¿De parte de quién?" "Del Rey", responde la misma voz. "Dígame", solicita con cierta incredulidad don Domingo. "¿Aceptaría usted ser senador por designación mía?" Y García Sabell, como es natural, dijo que sí: que era un honor aceptar tan generoso ofrecimiento. Otro de los gallegos que recibieron la llamada de don Juan Carlos fue Camilo José Cela. En total, cuarenta y un senadores, en su mayoría ligeramente escorados hacia posiciones conservadoras, fueron los primeros en saber definitivamente y de modo oficial que tendrían escaño en las primeras Cortes de la democracia que veía la luz el 15-J. Vaya, que la Cámara Alta empezó a funcionar a golpe de teléfono .
SOPA DE SIGLAS
Las doce tribus de Suárez
En el origen de la UCD estaba la semilla de su perdición. De aquella sopa de siglas surgieron líderes que, por sí solos, jamás habrían alcanzado el escaño en el Congreso. Eran las doce tribus de Adolfo Suárez. En Galicia, el Partido Gallego Independiente, de José Luis Meilán Gil, y el Partido Popular, con Pío Cabanillas y Eulogio Gómez Franqueira. Con ellos, el Partido Demócrata Cristiano (Fernando Álvarez de Miranda), Partido Socialdemócrata (Paco Fernández Ordóñez), Federación de Partidos Demócratas y Liberales (Joaquín Garrigues), Partido Democrático Popular (Ignacio Camuñas), Partido Liberal Andaluz (Clavero Arévalo), Federación Socialdemócrata (José Ramón Lasuén), Partido Socialdemócrata Independiente (Gonzalo Casal), Unión Demócrata de Murcia (Antonio Crespo), Unión Canaria (Lorenzo Olarte) y Acción Regional Extremeña (Sánchez de León) .
CUESTIÓN DE CARÁCTER
En Galicia reinaba la abstención
Poco antes de la cita del 15-J, se publicaron algunas encuestas que intentaban descifrar el comportamiento electoral de los gallegos. Uno de los aspectos más interesante era el que se dedicaba a los agentes electorales o personalidades locales cuya influencia podría hacer mella en el electorado. A escala rural, los encuestados confesaban que confiaban en el criterio del cura párroco para decidir la orientación política de su papeleta (10,2 por ciento) o en el alcalde (9,58 por ciento), seguidos por el maestro (8,63 por ciento) y el médico (3,08 por ciento). Al final, los poderosos barones de UCD se llevaron la parte del león, pero Galicia se presentó ante el resto de España como la patria del abstencionismo: en las zonas agrarias de Ourense, por ejemplo, la abstención llegó a superar el 48 por ciento. Y tardaría tiempo en superar aquella especie de extraño síndrome que los sociólogos trataban de desentrañar como quien indaga en los arcanos de la nación. La movilización de los nacionalistas y de buena parte de la izquierda, que no aceptaban las cosas tal y como les habían llegado de Madrid, contribuyó sin duda a aquella ausencia, pero semejantes porcentajes iban más allá de toda explicación habitual .

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