miércoles, junio 27, 2007

Enrique Badia, Las desventuras, en tren

jueves 28 de junio de 2007
Las desventuras, en tren Enrique Badía

El hecho de que un tren de la que se supone élite del transporte ferroviario español circule a 120 km/h por un tramo limitado a 30 km/h sugiere muchas valoraciones, pero ninguna positiva. Y eso es lo que, si la investigación confirma las primeras impresiones difundidas, ocurrió el viernes de la pasada semana en las proximidades de Barcelona, concretamente a la entrada de la estación de El Prat de Llobregat. Induce, sobre todo, a considerar que algo muy notable está fallando en el modelo de gestión implantado en el monopolizado ferrocarril.
Probablemente no hacía falta, aunque ha servido para confirmar la enorme incapacidad que el monopolio ferroviario está mostrando para gestionar la llegada a Barcelona del tren de alta velocidad; concepción distinta en la jerga sectorial, como se sabe, de la velocidad alta —paradójicamente menor ésta que aquélla— aplicada al Euromed protagonista del desaguisado que ha provocado perjuicios distintos, es decir mayores, que los difundidos por los servicios de información —¿propaganda?—, en una línea por lo demás habitual. Porque no han faltado estos días flagrantes contradicciones entre lo que afirmaban las fuentes de Renfe y lo que estaba ocurriendo de verdad.
Es cierto, pero no vale como excusa, que habilitar un nuevo tendido para que el AVE llegue a la estación de Barcelona-Sants es una operación compleja, difícil y con elevado riesgo de perturbación. No sirve como disculpa porque la decisión debió producirse acompañada de la correspondiente previsión para, en ningún caso, cargar sobre los viajeros la inacabable serie de alteraciones que se vienen multiplicando desde que dieron comienzo las obras: día sí, día también.
La dialéctica política tiende a centrar las responsabilidades en el ámbito gubernamental. Sin embargo, sin excluir lo que les corresponde, parece cada vez más evidente que falla algo más, bastante más que ese nivel de responsabilidad. Entre otras cosas porque en ese plano los protagonistas han cambiado, pero la dinámica sigue invariable: en esencia, centrado en lo que concierne a Barcelona, los plazos sucesivamente anunciados para concluir las obras del AVE se siguen incumpliendo y las pautas del servicio mantienen idéntica tónica de desconsideración. ¿Cómo, si no, interpretar o valorar la persistente falta de información sobre y frente a las alteraciones, o la exótica medida adoptada el pasado fin de semana de suprimir el compromiso de puntualidad; léase indemnizaciones a los pasajeros por los retrasos?
Puede parecer hasta loable que tras las últimas perturbaciones se estén pidiendo excusas, pero se antoja insuficiente si no van acompañadas de algo que desmienta y erradique la sensación de que los únicos que pagan el coste de los desaguisados son los viajeros —¿serán alguna vez clientes?— de un medio de transporte que se proclama estratégico y cuyo uso se quiere potenciar.
ebadia@hotmail.com

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