jueves, junio 14, 2007

Ruiz Soroa, La traicion de las palabras

jueves 14 de junio de 2007
La traición de las palabras
J. M. RUIZ SOROA

Qué soterrada pulsión puso en boca de nuestro presidente del Gobierno la palabra con que definió su nueva postura ante ETA? «Seré implacable», dijo. Un adjetivo calificativo que se deriva del verbo 'aplacar' para formar un sintagma negativo: no me aplacaréis, es lo que dice. Pues bien, haber optado inconscientemente por el término 'aplacar' al intentar definir su decisión dice más que mil discursos y razones sobre su percepción de la realidad. Y verán por qué.Al presidente le nace espontáneo ese verbo porque su conciencia le dice que, precisamente, eso es lo que ha estado haciendo desde hace muchos meses con ETA: intentar aplacarla mediante sacrificios (como hacían los judíos con Jehová, el Dios más iracundo que ha existido). Sacrificios que hoy se llaman gestos, mensajes, concesiones, pero que en el fondo no son sino ofrendas propiciatorias: De Juana Chaos, la retirada de la acusación de Otegi, las medio-listas de ANV, todo eran ofrendas. Y, lo que es más importante, eran ofrendas que se quemaban después de Barajas, no antes. Fue después del signo de la ira de ETA cuando nuestro presidente la intentó aplacar, como reconoce ahora, cuando aquélla añade a la bomba la displicencia, al retirar apresuradamente del fuego propiciatorio los restos chamuscados de las ofrendas hace tan poco depositadas.El peor pecado que puede cometerse en un proceso político de negociación es perder el control de la agenda y los tiempos para cedérselo al contrincante. Al presidente esto le pasó pronto, pero (y eso es peor que un pecado, es un error) en lugar de retirarse de inmediato del juego prendió una hoguera para aplacar al iracundo contrario. Ahí queda el siniestro precedente para el futuro. Es un hito tan grave que no resulta extraño que ahora, con tardía e impostada firmeza, surja la conciencia invertida del mal paso que se ha dado: 'no me aplacareis' ('vosotros no os habéis aplacado').Pero es que, además, ¿ha hecho por ventura ETA algún gesto para aplacar al presidente? Es patente que no; entonces, ¿por qué decirle con tanta solemnidad 'no me aplacaréis'? La altiva precipitación en el mensaje proclama la poca confianza del presidente en su propia firmeza al lanzarlo. Lo que está susurrando en el hondón de su espíritu es: 'Intentad aplacarme, por favor'. No sale de su diálogo.Hay quienes creen que el proceso ha terminado. Yo creo que no, precisamente porque el ánimo de Rodríguez Zapatero ha quedado para siempre preso en él. Y que los ciudadanos no saldremos de las nefastas consecuencias de su mala gestión mientras el Partido Socialista no le busque un sustituto. Al tiempo.

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