jueves, junio 14, 2007

Pablo Sebastian, ¿Esta ETA a la espera de Navarra?

jueves 14 de junio de 2007
¿Está ETA a la espera de Navarra? Pablo Sebastián

La conquista de la presidencia y del Gobierno de Navarra no es una simple cuestión de luchas partidarias o de ocupación de espacios de poder que luego sirvan de trampolín inmediato para las elecciones generales, como pretende el PSOE en Baleares, Canarias y Navarra. En esta operación, en cuya disputa están inmersos el PP, el PSOE y Nafarroa Bai, está en juego el futuro político de la Comunidad Foral en el marco constitucional español e incluso el deseo de Zapatero de reanudar la negociación con ETA a la primera oportunidad que se le presente, si renueva el poder después de los comicios generales del próximo otoño —si son adelantados—, o de la primavera del 2008.
En estas dos cuestiones, y no en el control y disfrute del poder político, económico y social, estriba el secreto de la apretada batalla por el control de Navarra que ETA sigue con la máxima atención —y puede que por ello haya retrasado sus anunciados atentados a ver si, antes del bombardeo, era posible controlar con Nafarroa Bai y ANV el poder del ayuntamiento de Pamplona, primero, y la comunidad foral Navarra, después, entre el PSN y Nafarroa Bai. Porque para ETA, y presumiblemente también para Zapatero, el vuelco en Navarra es fundamental.
Para el proyecto etarra de una Euskal Herria independiente es imprescindible la inclusión en el País Vasco del territorio navarro y su potencial territorial, humano y económico, porque los nacionalistas vascos de toda índole —violentos o no violentos— saben que con las tres provincias del País Vasco el proyecto de independencia que hoy defienden no es política y económicamente viable al margen de España. Pero si al País Vasco se añade Navarra, todo esto cambiaría de manera radical. Por eso ETA introdujo, en el proceso de negociación con el Gobierno de Zapatero, la cuestión de Navarra como un elemento tan decisivo como fundamental.
Además, no es ningún secreto que los partidos que ahora se integran en Nafarroa Bai, PNV, EA, Aralar y Batzarre —estos dos últimos escindidos del ámbito de Batasuna, pero contrarios a la violencia— están a favor de esa unión de Navarra con Euskadi y también de la independencia y separación de España de todo el conglomerado resultante, aunque por ahora digan, vistiendo la piel de cordero y descubriendo sus intenciones, que en esta legislatura no piensan abrir el debate de la unión de Navarra con Euskadi. Vamos, que se conformarían con tocar el poder político, económico y social navarro para desde ahí ir, poco a poco —como han hecho los nacionalistas vascos y catalanes—, inoculando en los ciudadanos y nuevas generaciones de Navarra el proyecto de unión con Euskadi y de la escisión de España.
En suma, quieren que Zapatero les abra una puerta que nunca más se podrá cerrar. Y que con la conquista de Navarra se ponga en pie uno de los dos grandes pilares sobre los que piensan construir el futuro Estado vasco, asociado, confederal o independiente. El segundo pilar será el nuevo Estatuto vasco, con el que se pretende superar el techo de soberanía y autogobierno del Estatuto catalán, pendiente del Tribunal Constitucional. Y una vez en pie ambos pilares y la base del fututo Estado vasco, dejar expedito el camino a la negociación con ETA y el final de la violencia.
Y ése es, en cierta manera, el mismo objetivo que pretendía Zapatero al fomentar el nuevo Estatuto de Cataluña, como modelo a seguir en Euskadi, dejando de paso abierta la puerta de la relación, hacia la unidad, de Navarra y del País Vasco. Y todo ello a cambio de su triunfo personal en la negociación con ETA y el final del terrorismo. Por ello, Zapatero nunca ha dicho de manera clara y tajante que esté en contra de la unidad o de la progresiva integración entre ambas comunidades autónomas, como tampoco ha dicho, tras el anuncio de la ruptura del alto el fuego, que no volverá a negociar con ETA, porque el presidente está empeñado en pasar a la Historia como el pacificador, cree en la idea de una España confederal —que llama federal para no escandalizar— y mantiene vivo su empeño en llevar adelante semejante disparate si consigue revalidar el poder en las elecciones generales.
Esto es lo que está en juego en Navarra, y a la espera de las últimas negociaciones entre los partidos en liza puede que ETA haya decidido, por el momento, retrasar su vuelta a la violencia total, que se pondrá en marcha si PSOE y PP pactan el control de Navarra y de Pamplona, o incluso si antes los etarras dan por perdida la caza de ese nuevo espacio de poder. Un regreso de ETA a la violencia que, seguramente, los últimos correos del Gobierno, de la Iglesia y de negociadores internacionales están intentando retrasar o de suspender quizás con los argumentos de que lo de Navarra se puede arreglar —si hay una prórroga de la tregua—, y la negociación se puede reanudar si Zapatero renueva el poder. Intentos de última hora presumibles y no comprobados que difícilmente serán oídos por los jefes de la banda a la vista de su último y amenazante comunicado final.

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