viernes 22 de junio de 2007
Los lunes a la sombra
Miguel Martínez
U N servidor, que jamás ha militado en partido alguno, sí ha estado sin embargo afiliado a varios sindicatos. Quien les escribe considera que la labor sindical es imprescindible en la garantía de los derechos de los trabajadores y que, aunque haya algún que otro listillo que aproveche su condición de sindicalista para quitarse de en medio y no dar ni un palo al agua, la mayoría de las personas vinculadas a la labor sindical desempeñan su función con entrega y, muchas veces, de forma totalmente desinteresada y altruista. Recordarán mis queridos reincidentes la película de Fernando León de Aranoa titulada “Los lunes al sol”, laureado film que cosechó un rosario de galardones -entre ellos 5 Goyas y la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián-, y que mostraba la cruda realidad en la que se hallaban inmersos unos trabajadores a los que la reconversión industrial había mandado al paro y que, por verse desocupados, pasaban los lunes al sol (y los martes y los miércoles, etc…). Pues resulta que dos de los sindicalistas que inspiraron aquella película, Juan Martínez Moral y Cándido González Carnero, han ingresado en prisión, condenados a 3 años de cárcel por el Juzgado de lo Penal número 1 de Gijón, que en la sentencia considera probada la participación de dichos individuos en la destrucción de una caja de conexiones del sistema de control de tráfico por vídeo. Dicha caja costó al Ayuntamiento o, lo que es lo mismo, a todos los gijoneses, casi un millón de las antiguas pesetas. Los incidentes se produjeron en una de las múltiples movilizaciones llevadas a cabo por los trabajadores del sector naval de Gijón, entre los años 2004 y 2005, en la que los manifestantes exigieron mayor carga de trabajo para el astillero, de lo que se desprende que la razón para que destrozaran el dispositivo de control de tráfico no sería otra más que ocasionar en la capital asturiana un caos perenne en la circulación rodada que obligara a los ciudadanos a dejar el coche en casa y hacer sus desplazamientos en patera, barca, o yate -según las posibilidades de cada cual-, lo que sin duda implicaría una mayor carga de trabajo no sólo para los astilleros asturianos, sino también para todos los del Cantábrico. En relación al asunto, desde el CSI (Corriente Sindical de Izquierdas, no me lo confundan mis queridos reincidentes con Crime Scene Investigation ni con el Consejo Superior de Investigaciones), que es el sindicato al que pertenecen los dos detenidos, así como desde diversos medios afines, se ha iniciado una campaña de protesta en la cual se pueden leer titulares como el siguiente: “Cándido y Morala tendrán que cumplir 3 años de cárcel por defender su puesto de trabajo”, y no sé yo a ustedes, pero a un servidor lo que le pide el cuerpo es responder, voz en alto, lo de “y una míerda” –con perdón- (esdrújula para enfatizar el taco). Van a la cárcel por destrozar –como hacen los gamberros- mobiliario urbano que los gijoneses han pagado con sus impuestos. La reivindicación obrera y la defensa del puesto de trabajo de cada cual no sólo no está prohibida sino que está constitucionalmente garantizada, pero la lucha obrera no debe implicar el destrozo de bienes públicos o privados, amparándose dicho hecho vandálico en la protección que las leyes otorgan a un derecho fundamental. Buenos estaríamos si todo aquel que viese peligrar su puesto de trabajo la emprendiera a mamporros con todo lo que encontrara en su camino y luego su sindicato sacara la cara por él alegando que hizo lo que hizo porque defendía lo que defendía. Y, como medida de apoyo, sectores próximos al CSI (el mismo CSI de antes, no los otros) han colgado un vídeo en Internet en el que se muestra a varias personas encarándose a la policía poco después de la detención, con nuevas alegaciones por parte de los que parecen dirigentes sindicales en las que se afirma que esa detención atenta contra todos los trabajadores (y otra míerda, que el 99% de trabajadores, cuando se manifiestan, no destrozan nada) y que han sido detenidos por defender sus derechos –aunque obvian la manera en que los defendían, a golpes con los bienes de los gijoneses según considera probado la sentencia-, y en la despedida del vídeo, en los títulos de crédito, adornan el film con idílicas fotografías –lean ironía en el adjetivo-, en las que se ven gamberros disfrazados de trabajadores –llevan mono y casco obrero- con la cara tapada con pañuelo a lo bandolero, lanzando objetos –se supone que contra la policía o quizás contra otras cajas de control de tráfico, que parece ser que le tienen manía a esos aparatitos- con un pedazo de tirachinas del 15 y disparando cohetes pirotécnicos con un tubo a modo de bazooka. ¿Es que son esos gamberros del tirachinas y del bazooka los héroes de la película? Es más. Si los dos sindicalistas encarcelados son tan buena gente como afirman los que les defienden ¿por qué sus amigos “presumen” de los gamberros del bazooka y del tirachinas en un vídeo destinado a desvincularlos de prácticas violentas? Como ya viene siendo habitual, todo esto no es más –según los acólitos al CSI (el mismo CSI otra vez) entre los que se encuentran diversos colectivos antisistema- que otra conspiración policial, en la que los agentes de la ley se han conchabado en una sórdida confabulación –ésta con intereses político-inmobiliarios- para así poder represaliar a los dos sindicalistas. Parece ser que la policía española, de un tiempo a esta parte, no tiene otra cosa que hacer que falsificar informes y levantar falsos testimonios con los que condenar inocentes. Con la de criminales que andan sueltos… Y buscando por Internet más datos sobre este caso, descubre un servidor que uno de los implicados –los dos, según otras publicaciones- se haya también procesado por el incendio de una furgoneta durante otra manifestación en el año 2004 . ¿Otra conspiración policial? Nadie niega que la reivindicación obrera es necesaria y que los trabajadores deben poder movilizarse para la defensa sus derechos, pero cuando estas movilizaciones no se llevan a cabo dentro del respeto a las leyes pierden toda legitimidad, y convierten a quienes utilizan la violencia y el vandalismo en sus reivindicaciones en puros gamberros. Y los gamberros, cuando sus gamberradas sean calificadas como delitos por los tribunales, deben estar en la cárcel. Y esto –que conste- lo firma un trabajador afiliado a un sindicato de izquierdas que no quiere verse sindicalmente representado por ningún gamberro.
jueves, junio 21, 2007
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