jueves 21 de junio de 2007
El último que salga…
Dicen que durante la dictadura de Bordaberry en Uruguay alguien escribió una llamativa pintada en el aeropuerto de Montevideo que decía: “el último que salga, que apague la luz”. Pues bien, este país está para salir corriendo, y no porque las libertades estén en peligro —aunque palidecen en el País Vasco y Cataluña—, sino porque en medio de la zozobra nacional en la que nos ha metido, porque sí, el pasmado de Zapatero se nos presenta como la gran alternativa el desmayado de Rajoy, tal para cual, como los amantes de Teruel, tonto ella y tonto él.
Y lo que es peor, en los alrededores de uno y otro dirigentes nacionales no se ve un ápice de talento, de inteligencia, de liderazgo, ni de convicción democrática. Los equipos de ambos, salvo honrosas excepciones, son a juego y puede que peores que sus jefes, con lo que las ganas de huir —Raúl del Pozo a Italia, con Capello y con Trapone, y yo a Portugal, con Cristiano Ronaldo y Patxi Andión— son mayores y el día menos pensado empieza la espantada general y se va a quedar Madrid como un sembrado, mientras Pedro J., Zapatero, Suso del Toro y Pettit debaten sobre el republicanismo postfranquista, que es lo que sigue imperando aquí, y lo que nos han traído González y Aznar, con la ayuda de Polanco y Anson. De ahí que los dos ex presidentes del Gobierno no quisieran asistir al 30 aniversario de las que fueron primeras elecciones de la transición, por si alguien de los que por la calle andaban —en el Congreso sólo estaban cómplices de esta situación— les pedían cuentas por lo que uno y otro han hecho para mantener vivo este postfranquismo irredento, que nunca se acaba, en el que siempre ganan los mismos y en el que los pillos y traficantes de influencias se han forrado el riñón.
Al fin y al cabo, la transición, más que una tarta de quesos, fue una tarta nupcial de tres pisos. En el primero estaban los políticos pasteleros, en el segundo los periodistas, jueces y mundo de la cultura, y en el tercero la cremme de la cremme de la banca, las finanzas y las empresas en general. Y los tres pisos de la tarta están intercomunicados y en ellos tres siempre son los mismos los que se comen el pastel. Y los demás, a pegar la nariz en el escaparate de la pastelería, asombrados con lo que va pasando por aquí, viendo a Zapatero cómo le soba el lomo al reyezuelo saudí, o como Aznar sigue haciéndose fotos con Bush, mientras el memo de Moratinos, que ha relegado a Chencho Arias, ¡embajador de España por el escalafón!, a un consulado de medio pelo, se nos pone fiero con Blair, Merkel y Sarkozy, que se mondan de risa con la bravatas de semejante melón.
No estamos, no, en el tiempo del pensamiento de Alicia, sino en el reino de la mayor mediocridad, del abaratamiento de las ideas, de los cargos públicos, de la Historia, de los signos de identidad nacional, buscando un himno para ¡la selección nacional de fútbol!, y poniendo el Estado en un bazar de todo a cien, mientras las decenas de ladrilleros de pelotazo —donde han recabado las familias del “Antiguo Régimen” camino de las eléctricas— son los amos de la situación. Y desde la almena más alta de este castillo famoso español, el vigía que otea con desesperación el horizonte, repite una y otra vez a la multitud que se agolpa en el patio de la fortaleza: ¡no se ve nada, no viene nadie! Y una voz inocente pregunta ¿ni siquiera Gallardón?
miércoles, junio 20, 2007
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