jueves 21 de junio de 2007
Allá películas
MANUEL ALCÁNTARA
La ley del cine se ha distanciado mucho de la ley del mercado y a tanta cerrazón han correspondido los exhibidores cerrando el 93% de las salas. Todo un éxito de ausencia de público. Nunca sabremos si la protesta está motivada «por la falta de voluntad de negociación del Gobierno» o porque el negocio se desmorona, pero la verdad es que la nueva normativa, llamada 'cuota de pantalla', es un auténtico engendro, sólo paliado por su inobservancia. Unos creen que el enemigo es Hollywood y otros que la ministra Carmen Calvo. El enredo es mayúsculo y si no participa más gentes es porque ya no hay acomodadores.Los intérpretes tienen mucha razón en sus denuncias, pero ya sabemos que con la razón no se va a ninguna parte. La vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega, de la que siguen abusando como apagafuegos, ha prometido que escuchará las reivindicaciones, pero de momento tanto los cinéfilos como los que no encuentran nada mejor para pasar la tarde se han quedado fuera de los 4.053 locales que hay en España. Así como la definición de la nada es un cuchillo sin mango al que le falta la hoja, un cine cerrado es una fábrica de sueños sin obreros y sin patrón. Aquí estamos a punto de descubrir el cine mudo en su última consecuencia: no sólo sin voz, sino sin imagen.El cine será «un arte híbrido», pero está claro que es el arte de nuestro tiempo. Una soleá inédita de José Luis Garci, que es muy púdico para sus versos, dice «¿Ay, cine de mi niñez! Comanches, piratas, gangsters y besos a tutiplén». Los que hemos intentado, con escasa fortuna por mi parte, dominar un solo idioma, somos partidarios del doblaje, que es otro de los problemas. Debiéramos solucionarlos todos, por muy complicados que sean, antes de que crezcan tanto que no quepan en la pantalla.
miércoles, junio 20, 2007
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