jueves 21 de junio de 2007
Hormigas
BLANCA ÁLVAREZ b.alvarez@diario-elcorreo.com
La civilización se parece a una aguerrida tropa de hormigas, zapadoras incansables, armadas con palabras, memoria, pensamiento, libros y otras delicadísimas armas. Ahora, imaginemos a tan diminutos seres tratando de paliar los estropicios de una manada de elefantes. Cada pisotón del paquidermo puede llevar años de lenta reparación, amén de las muchas fallecidas en tan desigual combate. En nuestro mundo llevamos en la dual tarea desde que bajamos del árbol. No hace demasiado, la Biblioteca de Sarajevo fue bombardeada en un intento de los sitiadores por borrar la memoria de los vencidos. A los paquidermos nunca les gustó el aroma del papel escrito.Casi quinientos años antes, ardían en la puerta granadina de Bib-Rambla miles de libros. El estupor fue paralelo. Los ciudadanos de Sarajevo, sitiados y olvidados por sus vecinos, lloraban, a escondidas, como los granadinos. Karadjic, Mladic o el cardenal Cisneros, al frente de su manada de descabezados elefantes, intentaron pisotear hasta el olvido la memoria de los vencidos y el destino, en un giro casi poético, ha hecho posible que los tataranietos de aquellos soldados que acarreaban libros requisados en todas las casas granadinas, también salvando alguno y jugándose el pellejo en tal intento, sean quienes preparen hoy los andamios para reparar la Biblioteca de Sarajevo.Trato de imaginar el rostro de alguno de aquellos habitantes desdentados ya por la falta de vitaminas, con la mirada húmeda y resentida, sintiendo caer sobre su impotencia las pavesas de miles de esfuerzos humanos por ser un poco más sabios y legar lo aprendido a sus sucesores impreso en la frágil materia de papel y tinta. Intento, especialmente, recordar el rostro de un viejo judío sefardí, restaurador de libros que confesaba, en voz baja, haber salvado algunos incunables, escondidos en su casa bajo el pretexto de una delicada restauración. Una hormiga frente al elefante.Escribir un libro supone un esfuerzo de años, incluso de varias generaciones hasta cristalizar en palabras el pensamiento; quemarlo, apenas el importe de una cerilla y escasos minutos. Decidir una guerra en el despacho, Oval o cuadrado, apenas segundos; reconstruir lo devastado, borrar odios fraternos conlleva el sacrificio de varias generaciones y una inmensa dosis de generosidad individual y colectiva. Contaminar y destruir genera fortunas de los depredadores más avisados; repoblar, limpiar, sanar enfermedades crónicas, nos cuesta los impuestos de varias vidas. Los bárbaros destruyen, los civilizados restauran, restañan, recomponen, reconfortan, utilizan la palabra, la creación, el arte, la memoria, contra la blasfemia destructiva de quien avanza desollando todo cuanto nos acerca a la divinidad de donde supuestamente procedemos. Con la incansable obcecación de las hormigas, soportando a veces la carcajada ventoseada por el paquidermo, van restañando las grietas por donde se nos cuela la cordura.
miércoles, junio 20, 2007
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