jueves, junio 14, 2007

Juan Urrutia, Cuando explote la bomba

jueves 14 de junio de 2007
Cuando explote la bomba
Juan Urrutia
S ETENTA asesinos armados y entrenados en América esperan el fatídico mandato. No tienen nada personal contra aquel o aquellos que tengan la mala suerte de... pasar por ahí cuando explote la bomba, pero órdenes son órdenes y si sus jefes dieran la de matar, la cumplirían aunque las víctimas fuesen sus padres, me consta. No puedo contarles nada que ya no sepan: ETA, rearmada y con la moral alta, piensa llamar la atención con un atentado espectacular. Aquí, en el País Vasco, tenemos suerte pues no asesinan indiscriminadamente, sólo a las personas adecuadas. El motivo es simple: podrían llevarse por delante a algún compañero de la cuadrilla y votante de ANV, cosa injustificable ante su apoyo social. De esta forma, los vascos no tenemos nada que temer siempre que no hablemos, pensemos ni representemos opciones políticas constitucionalistas. Como ven esto es jauja. Sin embargo en Madrid o cualquier otra capital española, donde la probabilidad de encontrar un abertzale es muy remota, un número indeterminado de personas puede morir o resultar gravemente heridas por el hecho de ser el “enemigo español”. Lo más aborrecible es que ni ellos mismos se creen tal patraña y la realidad es que esas personas morirán —ojalá me tenga que tragar mis palabras— para que la mafia etarra siga llenándose los bolsillos con el dinero que les aportan los aterrorizados empresarios y otras actividades lúdicas. Si cabe destacar un detalle es que, según exhaustivos informes de la Policía Autonómica Vasca, realizados sólo tras concienzudas investigaciones, el PNV se ve por primera vez amenazado en treinta años de reinado. También podrían haber mirado las pintadas y carteles que adornan las paredes de edificios vascos y otras obras arquitectónicas. Al fin y al cabo decían lo mismo que su informe. Los cargos peneuvistas están desorientados e indignados, lógico por otra parte, y se aflojan el nudo de la corbata porque les recuerda en exceso a esa clase de soga que nadie desea tener al cuello. Sin embargo, mientras la amenaza se cernía sobre otros, mientras los muertos fueron sólo constitucionalistas, y habrá que ver si está amenaza es real o pura pantomima, ellos no sólo no movieron ni un dedo, ni siquiera alzaron la voz, sino que allá donde gobernaron dieron carta blanca a ETA-Batasuna para... para casi todo en realidad. Un caso claro y sangrante es el del asesino de Ramón Baglietto. El alcalde de Azkoitia, Asier Arambarri, del PNV, permitió en un vergonzoso pleno al individuo antes citado seguir regentando una cristalería bajo el domicilio de Pilar Elías, viuda de Baglietto. Para colmo pidió tolerancia con el verdugo en cuestión. Tal hecho llama la atención por su crudeza, sí, pero no menos doloroso es que los acólitos del Partido Nacionalista Vasco se encargasen de contagiar cual bacteria fecal la falacia de que los asesinados por ETA “algo habrían hecho”. El número de despropósitos cometido por esta formación y sus partidarios no es pequeño. Ahora son ellos, ellos que han apoyado, financiado y amparado a ETA, los que sienten la amenaza de la bestia. Quizás así se percaten de que tener animales salvajes como mascota nunca trae nada bueno, quizás empaticen con aquellos a los que hoy desprecian o quizás no. El tiempo lo dirá. En todo caso, no les deseo el temor, el sufrimiento ni, por supuesto, la desgracia de caer víctimas de los terroristas. Nadie merece correr esa suerte, ni siquiera aquellos que han condenado a muchos a sufrir la misma.

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