martes 19 de junio de 2007
José Tomás, un símbolo en Cataluña
LA reaparición triunfal del torero José Tomás en la Monumental de Barcelona es una magnífica noticia para la Fiesta. El torero madrileño, convertido en un auténtico fenómeno mediático y de masas, cautivó a las 20.000 personas que colocaron el cartel de «no hay billetes» en la histórica plaza. Tres orejas y salida a hombros por la puerta grande son el balance de ese éxito espectacular en una jornada para el recuerdo. Más allá del ruedo, la deseada reaparición de José Tomás ha demostrado que la tauromaquia goza de excelente salud en Cataluña, mal que le pese a los nacionalistas radicales y a los republicanos, que se empeñan en desfigurar la realidad para su propia conveniencia y que, con una forzada impostura antitaurina, no hacen sino alejarse cada vez más de esa inmensa mayoría de ciudadanos que -aficionados o no- demuestran un enorme respeto hacia la Fiesta Nacional.
La esposa del presidente de la Generalitat, el delegado del Gobierno, muchos empresarios y personajes tan significativos de la cultura como Albert Boadella o Joan Manuel Serrat asistieron a un espectáculo que despertó el entusiasmo general frente a los insultos de unos cuantos manifestantes, cuya protesta no supera la condición de simple anécdota. A pesar del sectarismo de ERC y de la tibieza de los socialistas (llegaron a denominar a Barcelona «ciudad antitaurina»), la sociedad catalana ha dado otra lección a una clase política cada vez más alejada de la gente común. El ridículo de algún miembro del tripartito, que pretende extirpar de Cataluña supuestos símbolos españolistas como los mantones o el flamenco, queda de manifiesto cuando la Monumental se llena hasta los topes de un público entregado. En otro plano, la lucha por eliminar símbolos como el himno o la bandera de España está condenada al fracaso ante la resistencia natural de una sociedad en la que una inmensa mayoría conjuga con naturalidad la identidad española con la catalana, como viene ocurriendo desde hace siglos.
Ha sido un acierto promover la reaparición de José Tomás precisamente en el ruedo barcelonés, como expresión de esa vitalidad social y cultural reflejada en un espontáneo «viva la Fiesta» lanzado por un espectador durante la lidia, que fue coreado por toda la plaza. Algunos se empeñan en promover el localismo y una lectura falsa, casi infantil, de la historia, pero los ciudadanos no se dejan engañar por mentiras y falsedades. El mundo del toro no sólo no es ajeno a Cataluña, sino que Barcelona y otras localidades son plazas de primer orden que consagran a las grandes figuras y determinan la carrera de los aspirantes a serlo. El cartel del domingo no era sólo el producto de un afán legítimo por reivindicar la Fiesta, sino también la expresión de que los mejores quieren triunfar en una sede del más alto nivel taurino. Se equivocan una vez más los que pretenden imponer esa visión sesgada de España como una simple yuxtaposición de genuinas culturas nacionales frente al carácter artificial de la cultura española.
martes, junio 19, 2007
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1 comentario:
gosto de la Catalunha :)
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