martes 19 de junio de 2007
Le llaman «La Princesa»
POR VALENTÍ PUIG
LA aparición de Unió Mallorquina en el panorama político de Mallorca fue en su condición de esqueje muy peculiar de aquella UCD que entraba en el proceso de licuefacción. Con el tiempo, llegó a presidir el nuevo partido María Antonia Munar, a la que en la política mallorquina todos, amigos y enemigos, llaman «La Princesa». Su núcleo de poder ha sido el Consell de Mallorca, organismo heredero —como los otros consejos insulares— de la Diputación y a la vez incrementado por competencias transferidas desde la Comunidad autónoma balear, con partidas presupuestarias de amplia disponibilidad que garantizan apoyos mediáticos tan toscos como duraderos. Aquel micropartido ha logrado ser fundamental, tanto con el PP como con la izquierda, para tener el poder en las islas Baleares en caso de no haber mayoría absoluta. En realidad, Unió Mallorquina fue inventada pura y exclusivamente para eso.
Ahora otra traslación de poder parece haber comenzado y de nuevo pivotando sobre el mismo eje grupuscular y de representatividad tan poco amplia. En 1999, Unió Mallorquina dio el poder a la izquierda habiendo obtenido tan sólo 26.000 votos. Del PP se habían computado 160.000 papeletas, que duplicaban el número de votos del PSOE, segundo partido más votado. En estas elecciones autonómicas, el PP ha tenido 191.517 votos, lo que es un 46.01 por ciento y se concreta en 28 escaños. Para UM —en el Parlamento autonómico— han sido 28.082 votos, un 6,75 por ciento, que son tres escaños, a sumar con quienes dicte el interés público en la versión ilustrada de María Antonia Munar.
Con estos poderes, Unió Mallorquina ha comenzado la traslación de poder haciendo que sus dos concejales en el Ayuntamiento de Palma voten a la candidata socialista: se suman también los nacionalistas del PSM y una alianza variopinta eco-comunista-independentista, con lo que, frente a los catorce concejales del PP, son quince los que dan el vuelco en la ciudad de Palma. Previsiblemente, combinaciones de naturaleza equiparable irán imponiéndose en el Consell de Mallorca, luego en la composición del Parlamento autonómico y finalmente configurarán el Gobierno autonómico. En cada caso, la selecta elite política de Unió Mallorquina se quedará con los despachos de mayor asignación, en virtud de una experiencia ya tradicionalmente sufragada por la ciudadanía.
En estos momentos, todo suma menos haber sido el partido más votado con diferencia, como es el caso del PP. No son pocas las torpezas históricas de la derecha balear, y su naturaleza obtusa parece mantenerla en una imprevisión estratégica de orden connatural. Perder el poder incluso puede resquebrajar su ya precaria consistencia. Por su parte, la izquierda heteróclita llega al poder después de gobernar en 1999 con tanto éxito que dio la mayoría absoluta al PP cuatro años después. Incluso el PSOE comparte la inmadurez de sus aliados a consecuencia de un cambio interno que retiró de escena a sus personalidades de ejecutoria más contrastada. De nuevo la sociedad mallorquina va a tener que pagar la novatada, especialmente en la dimensión económica de una de las zonas de España con mayor renta per capita.
Lo que está claro es que ahí el voto territorial no tiene compensación para el voto individual. Aun así, un arcaísmo insularista no es la peor de las conclusiones. Es conocida la posición de Karl Popper frente al sistema de representación proporcional, por la influencia desmesurada que minúsculos partidos políticos pueden lograr en el momento de formar una mayoría. Según Popper, si el pueblo gobierna a través de sus representantes, y por mayoría de votos, es esencial que la distribución numérica de la opinión entre los representantes refleje de forma tan fiel como sea posible lo que prevalece entre quienes son el verdadero origen del poder legítimo: el propio pueblo.
En los cuatro años venideros, la filosofía del progreso arrullará la vida de los contribuyentes mallorquines. Mientras tanto, «La Princesa» habrá llegado a la culminación de sus sueños, tutelando con «chic» de peluquería diaria la gestión del Ayuntamiento de Palma, del Consell de Mallorca y del Govern Balear. Sus prioridades habrán quedado claras en los pactos fraguados estos días. No hace falta ser muy imaginativo para sospechar que hay quien no se contenta con una concejalía de Palermo si a la vez puede aspirar al principado de Mónaco.
vpuig@abc.es
martes, junio 19, 2007
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