jueves, junio 21, 2007

Jose Javaloyes, Rodriguez, entre las quejas de Pizarro y los aplausos de Pettit

jueves 21 de junio de 2007
Rodríguez, entre las quejas de Pizarro y los aplausos de Pettit José Javaloyes

Cuando el presidente de una gran empresa reclama, con ocasión de la Junta General de Accionistas, la observancia del principio de seguridad jurídica y el respeto a la suya personal, es que tanto esa empresa como cualquiera otra que pudiera verse afectada en sus condiciones primordiales de estabilidad padece insuficiencias no compatibles con lo que se entiende como Estado de Derecho. Y si el acto formal en que se produce la reclamación viene precedido, como en esta Junta General de Endesa, por el juego de anomalías y percances sin cuento, la cuestión que en la reclamación se aborda debe considerarse, por su signo, antes política que simplemente económica.
Lo sucedido hasta ahora con Endesa, desde que se presentó la OPA de Gas Natural, compone un despropósito más de los muchos en que ha incurrido este presidente de Gobierno, emergido a la relevancia por el concurrente impulso de la mayor agresión padecida por la democracia española.
Son condiciones de principio las que el presidente Rodríguez parece vulnerar cada vez que toma una iniciativa en materias sensibles. Su muy peculiar democratismo igual le ha llevado a empeños de reforma estatutaria de imposible encaje constitucional, que a manejos sobre el mercado que afectan a su seguridad y correcto funcionamiento. Con escándalo y alarma de los agentes económicos internacionales.
Cuentan que un día le hicieron observar a Hegel que su filosofía no era acorde con la realidad. “Peor para la realidad”, respondió el filósofo. Salvando las inmensas distancias que son del caso, el actual inquilino de la Moncloa vendría a responder lo mismo si alguien le hiciera la observación de que la parte mesiánica de su política no se corresponde con el Estado de Derecho, pues lo importante para él es “profundizar” en la democracia…
Es lo que se llama una petición de principio. No cabe proyecto alguno de perfección de la democracia si implica imperfección o quebranto del Estado de Derecho. Eso es totalitarismo. Tanto da que sea para lo económico como para la moral, para el individuo como para la familia, para los Estatutos de Autonomía como para la seguridad del mercado. Sin seguridad jurídica y personal, como ayer reclamaba Manuel Pizarro ante los accionistas de Endesa, la supuesta democracia puede convertirse en una cueva de ladrones y el poder político en ejercicio de atracos.
Sabido es que un Estado de Derecho puede incluso existir sin democracia, pero que ninguna democracia puede sostenerse sin Estado de Derecho. Sin éste carecen de garantías la libertad individual y la seguridad individual y colectiva. Pero es que además, como el presidente de Endesa ha subrayado, sin la establecida condición de la seguridad jurídica se desalienta y espanta la inversión exterior. Esa llegada de capitales extranjeros que resulta necesaria para la expansión de la economía nacional y la creación de puestos de trabajo.
El inmenso barullo creado con Endesa es ya mucho más que cuestión económica. Es asunto profundamente político. Cuestión poco menos que de régimen, pues cuando se vulnera la seguridad del mercado no sólo se resiente la seguridad de las empresas. Padecen las libertades individuales, por mucho que aplauda el maestro Pettit.
jose@javaloyes.net

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