jueves, junio 21, 2007

Luis Racionero, El jefe y la secre

jueves 21 de junio de 2007
El jefe y la secre Luis Racionero

No cabe duda que aunar el trabajo y el amor debe ser muy agradable además de práctico: la prueba son los miles de jefes que se lían con sus secretarias, médicos con enfermeras, policías con urbanos, pero todo tiene un límite: repartirse el partido socialista en un hogar, como sucede en Francia, no puede ser bueno y acaba de saltar todo por los aires.
La institutriz Ségolène no tuvo bastante con quitarle a su marido la candidatura a la presidencia, ahora quiere echarlo de la Secretaría del Partido Socialista, ¿por qué?, para ponerse ella. Curiosamente, la familia permaneció unida hasta las elecciones legislativas, pero ni un minuto más, como los 50 años de honradez: “Consumado el divorcio de la pareja, el choque político en el Partido Socialista resulta prácticamente inevitable”, rezan los titulares.
Ya sé que a los inamovibles votantes del PS eso les sonará normal, pero a mí, que cambio de voto cuando me parece oportuno, me suena a pieza de vodevil. Desde luego estoy muy contento de que ZP y Pepín Blanco no sean pareja de hecho, porque así nos ahorraremos bochornos si los sentimientos se alteran como ha sucedido en Francia. “Me ha sido infiel”, aduce Ségolène, en un tono más propio de revista del corazón que de argumento político.
Hollande aseguró que la ruptura con su compañera, después de casi treinta años de vida en común, no ha tenido una causa política ni tendrá consecuencias políticas. Si él lo dice, pero parece que no se separaban si hubiesen ganado y por tanto ahí hay una causa política. Sobre las consecuencias, alguna tendrá también en lo político, porque es como si Carod y Bargalló se pelearan por el cargo de jefe del partido. No conviene mezclar lo profesional con lo sentimental aunque ello ahorre tiempo y desplazamientos.
Yo, que siempre he trabajado solo, añoro esa agradable sensación de hacer los proyectos entre varios o entre dos con amor de por medio. Una vez contraté a una novia y cuando acabó el amor, el trabajo se vio perjudicado. Puede salir bien pero es una apuesta arriesgada, ya no digamos en política, donde cualquier descuido se magnifica y puede ser usado tendenciosamente.
Me tacharán quizás de machista, pero a mí me cae mejor el pobre Hollande que la señora Royal. Le veo como un rey Lear, deambulando por el páramo de la izquierda francesa, repudiado por una hija a la que le regaló el castillo demasiado pronto. Ni con cuatro hijos de por medio está la pareja segura hoy día, ni con todo el aparato del partido detrás consigue durar.

No hay comentarios.: