jueves, junio 14, 2007

Javier del Valle, Como en los viejos tiempos

viernes 15 de junio de 2007
Como en los viejos tiempos
Javier del Valle
H UELE a verano y estamos viendo de nuevo al Real Madrid y al Barcelona jugar la final de ambas ligas, la de fútbol y la de baloncesto, como en los viejos tiempos, sobre todo en el caso del maltrecho deporte de la canasta. Llegan recuerdos de antiguas primaveras en las que los dos gallitos de nuestro baloncesto, amparados por la gran capacidad económica de los clubes futboleros, trasladaban su rivalidad en el balompié al deporte del parquet. El 'basket' perdió su atractivo para el aficionado medio , entre otras razones por el descuido que han ejercido los dos grandes clubes, que han apoyado estas secciones de forma intermitente. Los televidentes perdieron su identificación por los todavía añorados Epi, Sibilio, Solozábal, Romay, Corbalán, Brabender, el malogrado Martín y compañía (soy injusto porque me dejo un montón de nombres de esa gran hornada de jugadores). Hoy los proyectos blanco y blaugrana se apoyan en deportistas que pueden lograr una identificación similar, pues algunos como Navarro, Reyes y Mumbrú formaron parte de la selección que recientemente se proclamó campeona del mundo. El Barça cuenta con uno de los técnicos más exigentes de la escuela balcánica, Dusko Ivanovic, y el Madrid ha vuelto a recordar aquel equipo vistoso que practicaba el contraataque para el delirio de su afición. Los que se lamentan son aquellos clubes puros de baloncesto que han invertido dinero y entusiasmo en apartar a las entidades futboleras de la élite. Resulta injusto que entidades como Unicaja, TAU o Estudiantes se hayan quedado la presente temporada en blanco cuando son los que sostienen al baloncesto desde los cimientos con estructura y mentalidad profesional centrada fundamentalmente en potenciar el deporte de la canasta, y que viven de contentar a una afición amante del baloncesto y no como segundo plato de un equipo de fútbol. El caso es que la presencia de los dos dinosaurios en la final de la ACB -ya disputaron la final de Copa- puede realzar el incomprensible olvido que sufre el deporte de la canasta sobre todo en lo que se refiere a audiencias televisivas, pues en cuanto a asistencia a las canchas goza de una excelente salud (duraron pocas horas las localidades del Campeonato de Europa de selecciones que se disputará en nuestro páis en Septiembre). Lo que ocurre es que la rentabilidad se mide por audiencias televisivas y, hoy por hoy, el motociclismo y Fernando Alonso ganan la partida por goleada porque los canales que tienen los derechos han promocionado estos deportes para sacarles jugo económico y de prestigio. El baloncesto se encuentra maltratado por la pequeña pantalla porque tiene poca audiencia aparte de los fieles que siguen desde el equipo de su pueblo hasta la NBA. Y como no goza de seguimiento, los canales le otorgan un papel secundario. ¿A quién se le ocurre programar la mayoría de los encuentros los sábados a las 20:00 coincidiendo con los choque más destacados de la Liga de Fútbol?. Ni siquiera el gran éxito de nuestra selección de baloncesto arrastró a la audiencia que, tras el éxito del equipo nacional, se olvidó de sus equipos por falta de identificación. Aquí está la responsabilidad de los clubes que no logran conectar con un espectro amplio de seguidores pues generan un mercado inestable donde la mayoría de los jugadores son de paso y organizan la competición de tal forma que es casi imposible estar al día. Por poner un ejemplo, los calendarios prefijados para la fase final o 'play off' de la Liga han sido constantemente modificados con el mareo que supone para una audiencia saturada de ofertas audiovisuales y de ocio en los distintos canales. Por eso, a pesar del morbo del choque entre Real Madrid y Barcelona y de la expectación y simpatía que destila la selección parece difícil que el baloncesto pueda remontar el vuelo.

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