miércoles, junio 13, 2007

German Yanke, El presidente dolido

miercoles 13 de junio de 2007
El presidente dolido Germán Yanke

La amable condescendencia de Mariano Rajoy con el presidente Rodríguez Zapatero —que sigo defendiendo como la opción más correcta en estas circunstancias— ofrece a éste una oportunidad política. Seamos serios: lo que el presidente debe hacer es cambiar la estrategia antiterrorista y remediar lo que en torno a ella se ha puesto en marcha como “pista de aterrizaje” para la banda y sus secuaces. Tendría que hacerlo en cualquier circunstancia ahora que se ha dado cuenta, es de esperar, de que su plan ha fracasado, de que no tenía ni los datos adecuados ni el concepto certero de lo que ETA es realmente. Si se ha equivocado con buena voluntad es un asunto suyo, particular. En política lo que vale es la eficacia de los medios para conseguir metas éticamente formuladas.
Y podría hacerlo con el reproche constante de un PP recordándole cada segundo su fracaso, exigiéndole medidas concretas como condición previa a cualquier entendimiento, o con la tranquilidad temporal, en lo que al debate político se refiere, que le proporciona el gesto de Rajoy una vez escuchado el mensaje de que el escenario es, ahora, la derrota de ETA. La oportunidad es suya y habrá que ver cómo la aprovecha.
A su alrededor, sin embargo, se le pide que pacte con Nafarroa Bai el Gobierno de Navarra. Y que recuerde, como estratagema anestesiante de las divisiones internas, lo malo que ha sido el PP en este periodo. Y que sea receloso con el entendimiento con los conservadores porque se trata, ya se ha dicho, de otra “tregua trampa”. Y que si pretende lo contrario, el acuerdo con el PP, peligrará de inmediato su mayoría parlamentaria. Y más…
Estos mensajes revelan la naturaleza del problema político con el que se encuentra hoy Rodríguez Zapatero. Los errores cometidos en la política antiterrorista no son sólo debidos a sus errores de cálculo con la banda, sino que se encuadran en una estrategia (más radical que socialista, desde luego nada socialdemócrata) que, si ahora quiere cambiar la primera, la segunda le pesa como una losa.
El vicepresidente Solbes, convertido por un día en diagnosticador de estados de ánimo, ha dicho que, tras el comunicado de ETA, el presidente está “dolido” pero no “tocado”. La descripción, en contra de lo que pudiera parecer, es desalentadora. Es difícil entender que la palabra adecuada para definir su ánimo sea “dolido” sin pensar que había tenido una confianza en la banda alejada de toda lógica táctica y moral. Y quizá no se dé cuenta de su problema —para aprovechar de algún modo esta oportunidad— si no reconoce que está “tocado”, es decir, que debe dar un giro a la política antiterrorista y a sus más hondos planteamientos en torno a la condescendencia (esta vez la suya) con los nacionalismos y una concepción de España que no responde ni a la idea de la “nación democrática” ni al principio de la “nación de ciudadanos”.

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