domingo, junio 17, 2007

Florencio Dominguez, Sindrome del negociador

lunes 18 de junio de 2007
Síndrome del negociador
f.dominguez@diario-elcorreo.com FLORENCIO DOMÍNGUEZ/

Seis de abril de 1989. Hace dos días que ETA ha anunciado el final de la tregua de Argel y la reapertura de «todos los frentes», pero el ministro de Interior, José Luis Corcuera, asegura que todavía existen condiciones para continuar las conversaciones con la banda terrorista. Al día siguiente estalla la primera bomba, a la que siguen otras ocho en apenas cuarenta y ocho horas. El Gobierno considera que esos atentados han sido cometidos sin órdenes expresas de la dirección de ETA, por comandos que actúan por su cuenta después de haber leído en los papeles que la tregua estaba rota. ETA tuvo que matar a un sargento de la Guardia Civil para que el Gobierno dejara de agarrarse a un clavo ardiendo y aceptara que se había acabado la tregua.Tres de diciembre de 1999. Se acaba oficialmente la tregua iniciada por ETA catorce meses antes. El lehendakari, Juan José Ibarretxe, declara ese mismo día que «estamos en el inicio de un camino ilusionante». Un mes más tarde, después de fracasar el primer gran atentado preparado por ETA, Joseba Egibar afirma que la banda «ha asumido dejar las armas», aunque se llegue a romper la tregua, y que el proceso de paz es «irreversible». El 21 de enero de 2000, ETA asesina al teniente coronel Pedro Antonio Blanco, pero Ibarretxe todavía espera a que se cometa otro asesinato, el de Fernando Buesa, para romper su acuerdo parlamentario con Batasuna. Ya no hay ningún clavo al que agarrarse.Seis de junio de 2007: a las cero horas ha terminado de manera oficial la tregua de ETA, que ha vuelto a declarar abiertos «todos sus frentes». El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, culpa de la ruptura a «los más descerebrados» de la banda y afirma que en su seno hay un importante debate. Lo de los «descerebrados» y los otros no es sino la forma de expresar hoy el viejo esquema de los dos sectores dentro de ETA, los negociadores y los duros, que patentó con tanto éxito como equivocación el PNV en los años ochenta. Y lo del debate interno en el seno de la banda es la forma de mantener abierta la esperanza, porque si hay debate puede que por una vez no ganen los de siempre. El clavo ardiendo del presidente.Debe de ser el clásico síndrome del negociador, porque pasa siempre: a los que negocian con ETA les cuesta admitir el fracaso de sus esfuerzos y se aferran a cualquier excusa antes de tirar la toalla. No hay ningún clavo al que agarrarse cuando a uno lo han dejado colgado de la brocha y cuanto más cueste aceptar la realidad, más se tardará en adoptar las medidas necesarias para hacer frente a la nueva situación.

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