lunes 18 de junio de 2007
Y EL PUEBLO SOBERANO OCUPÓ SUS ESCAÑOS…
Félix Arbolí
D ÍAS pasados y al igual que en años anteriores, el Congreso de los Diputados abrió sus puertas al público, conmemorando el aniversario de lo que llaman “estreno de la Democracia” en España. La llegada del pueblo al poder. (Y el muy tonto lo lee y se lo cree). Este año con mayor motivo y bombo, ya que se cumplía el 30 aniversario de las primeras elecciones convocadas “en libertad”. Las pasadas, no recuerdo bien si tuve que ir entre una pareja de la guardia civil y bien controlado para que no me fuera a escapar sin emitir mi voto. Si, esas que anunciaban como “Franco si, comunismo no”, para meternos el miedo en el cuerpo ante la posible aparición de los que nos decían que mostraban “cuernos y rabos y procedían de Moscú el reino del Anticristo”. Unos atributos propios de lidias taurinas que se atribuyen a más varones de los que imaginamos sin ayuda de las urnas. Hasta la Lola Flores salía en televisión solicitando el “sí” a los ciudadanos (entonces los llamaban españoles). El concepto de España era indivisible y unánimemente asumido. Luego resulta que esa consulta popular era para aceptar el cambio de denominación del régimen a una monarquía muy a sui generis, que Franco quiso implantar y que tras la consulta popular masivamente afirmativa, como era de esperar, dio como resultado la constitución de una “Regencia”, bajo su personalísima jefatura que hasta otorgaba títulos nobiliarios a diestro y a siniestro y acuñó monedas con la leyenda, antes reservada a los Reyes, de “Francisco Franco Caudillo de España por la gracia de Dios”, a lo que el “chusco” de turno agregaba “ o por ser Dios gracioso”. No quiso acordarse de que también fue el pueblo, con ese Referéndum el autor y promotor de ese extraño cambio de nombre, que no de forma de gobernar. Hubo otras consultas populares para la formación de Ayuntamientos, en las que no se especificaba nada sobre la elección de Alcaldes, designio exclusivo de Franco. Eran tercios de concejales a base de sindicatos y votos populares en los que lograron infiltrarse elementos considerados entonces subversivos y ahora salvapatrias y héroes nacionales porque en su currículo se especifica su paso por la cárcel franquista, hoy considerado honorable y timbre de gloria. Ahora si estamos en Democracia, ese feliz invento ateniense del siglo V antes de Cristo (no se me ofendan por esta mención los profanadores de símbolos y creencias) que significa sobre el papel y etimológicamente “gobierno del pueblo”, aunque a la hora de la verdad sea patrimonio de los enchufados de turno, los que tienen mejores protectores políticos y económicos y los hijos de apellidos conocidos en la esfera gubernamental de pasadas épocas, que han sabido repicar y estar en la procesión o como se dice vulgarmente, trepar con la habilidad de los simios. Siempre los mismos, con muy escasas variaciones, en los treinta años de este tipo de gobierno clamorosamente celebrado. Los que por edad ya no pueden sostener el bastón de mando o varita mágica del poder, han dado paso a sus hijos y adoptados o apadrinados para que continúen su labor sin que ellos se sientan desplazados de esa influyente posición o caso de no contar con alevines para tales menesteres, han movido piezas para esperar el futuro que aún les queda en ese cómodo y bien retribuido consejo de administración, donde viven mejor y más tranquilos y encima perciben una retribución que ni cinco españolitos normales conseguirían igualar uniendo sus sueldos. El pueblo entusiasmado y creyéndose importante, ha esperado largas colas ante las puertas del Congreso para conocer in sito donde los políticas organizan sus trifulcas y dan verdaderas patadas al diccionario. El santuario donde “trabajan” y se afanan por acaparar los más sonoros aplausos de sus compañeros de partido los padres de la Patria. ¿También las diputadas, que hoy figuran en gran número, son llamadas “padres”?. No me extrañaría con este galimatías que tenemos formado con el orgullo gay, la igualdad de sexos, la legalización de las bodas hormonales y otras cosas por el estilo. Lo que no me explico es que haya personas que han pasado toda la noche esperando que se abrieran las puertas y ser recibidos por la plana mayor del hemiciclo, como si fueran importantes visitantes. Hay uno, por lo visto y oído, que se empeña año tras año en ser el primero que atraviesa tan enormes y pesadas puertas. A él no le importa pasar toda la noche a la intemperie, incluso bajo la lluvia, con tal de no perder esa privilegiada primacía en la cola de los ciudadanos y visitantes de tan extraña costumbre o diversión. Ignoro que mueve a este tozudo ciudadano para pasar la noche en vela en cada aniversario, con el único objetivo de de ser el primer visitante de esa feria. Una vez dentro, ya se sabe, recorrido con cara de asombro y maneras de paletos de esa marea humana que ocupa los asientos y se llena de propaganda, intentando emular a los políticos y acaparando entusiasmados los escaños del ministro, diputado o incluso del ujier, si ya no se encuentran otros más significativos disponible. Este año se ha advertido la mezcla étnica que nos domina en calles y casas y hemos podido presenciar a través de la tele y objetivos fotográficos los apuros y esfuerzos de ese ecuatoriano o peruano, intentando asomar su cabeza sobre los asientos delanteros, no por la pequeñez de ésta, que estaba bien desarrollada, sino por la de sus extremidades inferiores. Como se decía en mis tiempos, “chiquitos pero matones”. Y el pueblo admiró feliz y complacido el lugar donde se debate el futuro de España y su desarrollo político y económico. Todos contentos y felices, conmemorando el nacimiento democrático de la nueva España. Un pueblo que ya es dueño absoluto de su destino y responsable único de sus decisiones a través del “señor de los anillos”, me he equivocado, quise decir, de los “señores de la promesas”. Porque nadie se traga que sea la voluntad del pueblo, del ciudadano de a pie, del currito contribuyente, la que rige el destino y la política de España. Se han declarado guerras, se han subido artículos de primerísimo necesidad, se han eliminado suelos públicos para construcciones privadas, se han dado ladrillazos de oro sin que nadie se encuentre realmente sacrificado por ello, se han convertido en casi irrisorias limosnas los sueldos del ciudadano con la llegada del euro y su imparable subida de precios, hasta el extremo de que rara es la familia normal que puede llegar a fin de mes sin agudos problemas, se permite que la banca y las financieras que aparecen por todas partes hagan su agosto, septiembre y todos los meses del calendario ofreciendo paraísos y activando deseos que luego se convierten en auténticas pesadillas, se empeña el dinero público en obras faraónicas que chupan el presupuesto, aumentan la fiebre de multas y nos comprometen más años de los que vamos a durar normalmente, suben astronómicamente las hipotecas por casa y negocios de forma sorpresiva, sin que nadie ponga remedio a este tremendo y desconcertante caos, etc. Y no me digan ustedes, que el causante de este desmadre es el pueblo, ya que es la única víctima que lo padece, porque los políticos y sus adláteres han sabido despejar su situación y afianzarla. Buenas subidas y bagatelas se han votado sus señorías en un consenso unánime donde no hubo voces discrepantes, ni acostumbradas descalificaciones entre la diversa clase política reunida. A lo mejor hasta pudo haber alguien que al ocupar el sillón en ese día de aniversario, se creyera de verdad ser el protagonista de los asuntos del gobierno de la nación. Si, yo también me lo pregunto y no puedo contestarle sobre qué se entiende por nación actualmente en España.
domingo, junio 17, 2007
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