jueves, junio 14, 2007

Valentin Puig, La izquierda dobla la esquina

jueves 14 de junio de 2007
La izquierda dobla la esquina

-ETA se aprovecha de que los demócratas nos desunimos. ¿Y si no celebrásemos elecciones mientras exista el terrorismo?
VALENTÍ
PUIG
LA sociedad civil es un caos creador en el mejor de los casos, dice Dahrendorf. La izquierda europea lo ha entendido tardíamente porque confiaba más en el poder del Estado que en la sociedad civil. También parte de la derecha europea históricamente ha sido estatalista, encomendándose al intervencionismo más que a la iniciativa privada y la libertad de mercado. Eso dio un vuelco en los años Thatcher y Reagan. Luego Tony Blair salió al paso con su Tercera Vía. Ahora se diría que la izquierda incluso retrocede, que por recelar de la globalización busca el amparo proteccionista y que nada se libre de la tutela del Estado. Algo habrá de hacer en cuestión de poco tiempo porque las sociedades civiles europeas, en sus sectores más dinámicos y abiertos, apuestan por reformas de calado que actúen en sentido contrario. En realidad, en el caos creador de la sociedad civil, derecha e izquierda requerirán siempre de continuos ajustes y redefiniciones. Ahora mismo, sería rescatar la socialdemocracia del miedo a los populismos, a la inmigración y a una economía globalizada cuya punta de iceberg son tal vez las deslocalizaciones, pero siendo su masa sumergida la prosperidad competitiva.
«Courrier Internacional» da esta semana un dossier sobre lo que queda de la izquierda. Del testamento político de Blair se extrae la conclusión de que la divisoria entre derecha e izquierda está obsoleta porque lo real es la oposición apertura-clausura, en sentido popperiano. Hasta ahora, solía decirse que la izquierda prima la igualdad y la derecha, la libertad. Sin negar sus orígenes en Bismarck, el Estado-providencia alcanza su dimensión actual cuando en la postguerra europea se fortalece el consenso entre democristianos y socialdemócratas.
Citado por «Courrier Internacional», el «Suddeutsche Zeitung» habla de nuevos conservadores modernizadores: son lo que hoy dirigen la dinámica de la evolución social. Han revitalizado los valores de responsabilidad y esfuerzo, la familia y la religión, como es el caso de la campaña electoral de Sarkozy o de Angela Merkel. Si la Tercera Vía consistió en sumar políticas de derecha al «corpus» socialdemócrata, esos nuevos conservadores configuran un perfil que se renueva con aditamentos de origen progresista. Por eso vemos como los «tories» británicos reivindican un ecologismo que habrá hecho brincar a la baronesa Thatcher. Vivimos en sociedades propensas al «mix» y no podía ser distinto en materia política, sin querer eso decir que las referencias centrales se vayan a derretir de repente.
En materia de criminalidad, por ejemplo, la tesis de «tolerancia cero» y la idea del «cristal roto» -una ruptura del orden por menor que sea repercute en el sistema- han sido asumidas ya por gran parte de la izquierda. El caso de España tiene una encarnadura distinta porque en el PSOE esa evolución se truncó al pasar del felipismo al zapaterismo. Por eso se hace aún más abstruso entender el futuro con Zapatero o prever lo que pueda venir después de él en el socialismo español. Mientras la izquierda pragmática europea hace autocrítica de su pasión retroactiva por el mayo de 1968, el zapaterismo ve en aquella revuelta algo así como la génesis de sus potencialidades.
La verdad es que hemos visto ya el anuncio de muchos vuelcos ideológico-culturales que luego acabaron sin aristas ni ejes de confrontación, asimilados por la marcha de las sociedades. Probamos una política y la juzgamos por su error o acierto. Lo mismo puede ocurrir ahora. En la Europa del Airbus no deja de tener su peso aquel «juste milieu» que se viene considerando anacrónico desde que fue formulado, pero que reaparece casi siempre, por fortuna. El asunto consiste en podar bien el árbol para que crezca mejor y, sobre todo, no cortar ramas de más. Una izquierda que ha regresado a la mitificación de personajes como Chávez o Evo Morales se automargina de todo este proceso, pero otra izquierda más inteligente arguye como puede nuevos equilibrios entre equidad y libertad, entre sociedad y Estado. A derecha e izquierda, lo que se está buscando continuamente, cuando la política es algo noble y con sentido del bien público, son nuevos modos de garantizar a la vez el crecimiento económico y la cohesión social. Lo contrario es el camelo, la verbena, un después de mí el diluvio.
vpuig@abc.es

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