martes, junio 26, 2007

Valentin Puig, La España endeble de Zapatero

martes 26 de junio de 2007
La España endeble de Zapatero

VALENTÍ PUIG
LOS componentes estilísticos del zapaterismo dan para convocar una manifestación, para constituir una ONG, para un guión de serie televisiva o para fundar un grupo de nuevas terapias, pero difícilmente vertebran una sociedad. No es que en España la política haya sido habitualmente propensa a mejorar la ósmosis entre las instituciones -los partidos políticos, por ejemplo- y la sociedad, la sociedad civil. Pero el caso del zapaterismo es casi extremo, porque a su modo busca la abducción de la sociedad por unos modos de sugestión política que han ido perdiendo consistencia a ojos vista y se empeñan en legislar contra la costumbre o en aplicar unos modelos abstractos «sui generis», como es el caso de las iniciativas laicistas o el enaltecimiento de una memoria histórica frente a otra. Es el episodio aplastante de la Alianza de Civilizaciones.
En realidad, la gran tarea atrasada es todavía que la sociedad española se vertebre de forma coherente. Pongamos la opinión pública. Es prácticamente imposible darle sedimentación y solidez plural si vive ajena a lo que pasa en el mundo o si lo vive en términos edulcorados y virtuales, esquemáticos o maniqueos, desconectados de la realidad. Todo lo que concierne a la Unión Europea aburre incluso a las ovejas, cuando lo cierto es que una porción impresionante de las decisiones que afectan a la ciudadanía española ya no dependen hoy directamente de los centros nucleares de la soberanía nacional, sino de ese «pool» de soberanías compartidas que residen metafóricamente o no en Bruselas. Así quedó la peseta en manos de la numismática. Por razones similares, al ciudadano no se le explica que la defensa legítima del multilateralismo pasa por tener tropas en Afganistán o el Líbano, en virtud del cumplimiento de alianzas y compromisos que a su vez nos protegen de otros riesgos. Llevados a su extremo el neopacifismo y las tentaciones neutralistas, España sería una nación del todo indefensa y aislada.
Si otros períodos de gobierno han consistido en soslayar esa evidencia, el zapaterismo se fundamenta en negarla. El sociólogo Víctor Pérez Díaz lleva tiempo indagando las virtudes y defectos de la sociedad civil en España. Es de hace unos días su conferencia en el Círculo de Empresarios sobre sociedad civil y política en la España de hoy, una intervención de primera magnitud para entender lo que de verdad está pasando en España. Para Pérez Díaz es evidente que una sociedad compuesta por ciudadanos que son individuos libres y miembros de asociaciones voluntarias puede asumir una parte sustancial de la responsabilidad por la solución de los problemas generales de la comunidad, sin delegarla en la clase política. Instituciones como las empresas y mercados, asociaciones y familias, pueden ser escuelas de esfuerzo y de prudencia, de compromiso e innovación, de lealtad, de hacer en común. Son escuelas de independencia y a la vez de interdependencia. Protagonizarán o coprotagonizarán -dice Pérez Díaz- el debate público para fomentar el interés público, dando forma a autoridades independientes de expertos o peritos de parte, órganos de estudio, de opinión y comunicación, instituciones educativas o de «lobby». Ocurre, de todos modos, que la mayoría de «think tanks» en España mantienen una u otra vinculación con algún partido político. Sucede que la opinión pública se ve no pocas veces excesivamente manoseada por el mundo de la partitocracia. Vemos como la indiferencia avasalla.
En un riesgo que las formas democráticas persistan mientras la sociedad abierta languidece. Queda en pie un decorado mientras la vida en el escenario decae y se corrompe. Quizás el periodismo no sea suficientemente claro, ameno y creíble para explicar las batallas de la Unión Europea o para interpretar lo que significa que soldados españoles mueran en el Líbano. No es menos cierto que amplios sectores de la vida social española se desenvuelven al margen del comportamiento de lo que llamamos sociedad civil. Incluso pudiera ser cierto que una figuración atávica y endogámica de la política crea que es mucho mejor que esto sea así. Ese es precisamente un factor de peso no ya para evitar el enfortalecimiento articulado de la sociedad civil, sino ya para contribuir a su mayor fragilidad e inconsistencia. Por el contrario, una opinión pública más viva ha de significar un mayor interés por el bien común.
vpuig@abc.es

No hay comentarios: