martes 26 de junio de 2007
La apertura equilibrada en China
LA visita oficial a China de Don Juan Carlos y Doña Sofía, al frente de la mayor delegación de hombres de negocios que haya participado en un viaje de este tipo, pone de manifiesto la extraordinaria importancia que han adquirido las relaciones entre los dos países. Esta es la tercera visita real en trece años y durante este tiempo la distancia que separaba a las dos naciones en tantos campos se ha acortado extraordinariamente. El mundo tampoco es el mismo y eso se debe en gran parte a la extraordinaria influencia de este gigante asiático, que ha decidido poner fin a milenios de aislamiento y entrar en la corriente de la globalización. China es hoy una referencia imprescindible para entender lo que sucede en el planeta.
Ha sido muy acertado el primer discurso de Su Majestad en Shangai, cuando sugiere que a pesar de la apertura de China a los mercados, las relaciones aún pueden y deben crecer más. En primer lugar, porque es evidente que son a todas luces excepcionalmente asimétricas para que puedan considerarse saludables. Esta asimetría no es un elemento exclusivo de la balanza comercial hispano-china ya que el desequilibrio es generalizado en estos momentos con todos los países, algo que permite afirmar que se debe sobre todo a elementos estructurales de la economía china. España no puede perder la oportunidad de estar presente en uno de los mercados más prometedores del mundo, pero es necesario que las autoridades chinas den cuanto antes pasos para facilitarlo, a base de promover los mecanismos de apertura necesarios.
Y en segundo lugar, más allá de los ajustes técnicos (legales, monetarios o fiscales) China tiene que darse prisa para armonizar su desembarco en el río de la mundialización, aceptando al mismo tiempo las reglas de la vida democrática. Una China que amontona desigualdades sociales no es interesante para el mundo, como no lo puede ser tampoco una economía donde subsistan relaciones próximas a la esclavitud, como se ha descubierto recientemente. En esto, España puede ayudar bastante, como un país que vivió una transición política exitosa de la dictadura a la democracia y que ha logrado en pocos años un desarrollo espectacular que cimenta las bases de una sociedad moderna. Hace tiempo que se sabe que no puede haber democracia sin una economía libre, y que el progreso económico logrado sin libertad tampoco es sólido porque se vuelve pronto injusto.
China ha de ser cuanto antes una sociedad democrática que sea capaz de controlar civilizadamente a un Gobierno que se está convirtiendo en uno de los más poderosos del mundo. China necesita apertura económica y el mundo espera que vaya acompañada también de la correspondiente apertura política, para que su sociedad empiece a tener derecho a pronunciarse sobre el rumbo que deben seguir los asuntos de su país y su papel en el mundo.
martes, junio 26, 2007
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