jueves, junio 21, 2007

Ramon Tamames, China y los altos precios de la energia

jueves 21 de junio de 2007
China y los altos precios de la energía Ramón Tamames
Catedrático de Estructura Económica (UAM)Catedrático Jean Monnet de la UE

Ahora que en estos días el crudo ha vuelto a superar los 70 dólares por barril, no estará de más traer a colación un tema muy conexo, que tratamos en la IX Reunión de la Asociación de Economía Mundial, celebrada en Madrid en abril de este año 2007, bajo presidencia del Prof. Santos Ruesga, de la UAM. Allí se expusieron las transformaciones que está experimentando el mundo de la energía como consecuencia de la irrupción en la economía mundial de los países asiáticos, y fundamentalmente China e India. En el sentido apuntado, presenté una ponencia subrayando cómo la ingente demanda de hidrocarburos por parte de China ha impactado los precios internacionales. Lo cual obliga a la UE, y dentro de ésta a España, a explorar nuevos modelos energéticos en el marco de la globalización.
Como tengo expuesto en mi libro Estructura Económica Internacional, a lo largo del siglo XX se produjo ya una clara tendencia al mercado energético global, con algunos hitos bien significativos. El primero de ellos, el Acuerdo de Achnacarry en 1928, que consolidó el núcleo monopolístico de las Siete Hermanas como fuerza dominante del mercado mundial. Hasta que en 1948 nació la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que en 1971 comenzó a dar un giro importante a la situación, contra el predominio de los grupos petroleros internacionales; al iniciarse las nacionalizaciones de yacimientos, así como la mayor participación en beneficios de las concesiones hechas a las grandes multinacionales.
Y fue a partir de esa mayor trascendencia de la OPEP como se produjeron los choques energéticos de 1973/74 y 1978/79, que elevaron los precios petroleros de 2 dólares/barril en 1972, a 34 en 1978, con todas las dramáticas consecuencias superconocidas en la economía internacional. En ese contexto, la réplica de los mayores países consumidores fue la creación de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en 1974, que resultó interesante, pero no contundente. Pudiendo decirse que fueron los altos precios, al promover el renacimiento de las prospecciones, los que condujeron a las cotizaciones deprimidas de la década de 1990. Un panorama que empezó a cambiar radicalmente a finales de esa década, precisamente por la irrupción en los mercados de los aludidos países emergentes, y fundamentalmente China.
El crecimiento de la producción energética de China ha sido muy notable, y tiene que ser completada con grandes inputs de crudo y gas del exterior. E incluso de carbón, del que ya se están importando volúmenes importantes desde Australia e Indonesia, una situación que he analizado en detalle en mi libro El Siglo de China. De Mao a Primera Potencia Mundial.
Más concretamente, en el 2006, China importó 145 millones de toneladas de crudo para completar su producción nacional de 217,5 millones, con un consumo global, por tanto, de 362,5 millones de toneladas. Que equivalieron, aproximadamente, a casi 7,5 millones de barriles diarios. Confirmándose de esa manera la previsión, hecha en el 2004, de que el déficit energético de China no había hecho más que empezar. A lo cual agregamos la previsión, del FMI, en la dirección de que entre el 2005 y el 2012 las economías emergentes supondrán casi tres cuartas partes del aumento en la demanda, y la República Popular un tercio de la citada magnitud base.
El consumo energético chino se expande, pues, a gran velocidad, entre otras cosas, porque los precios internos se han visto contenidos por razones más políticas que económicas. Pudiendo estimarse que si el Gobierno suprimiera, como parece ser la tónica ya actual, los subsidios internos, la demanda crecería con menor intensidad.
Con todo, China duplicará con creces su consumo, y triplicará sus importaciones de petróleo entre el 2006 y el 2015. Y entre los factores que hacen verosímiles esos incrementos destacan su todavía bajo consumo por habitante, así como la fuerte expansión esperable en el parque de automóviles, que podría multiplicarse por cuatro, hasta los 100 millones de unidades, en el 2015. Sin olvidar los aumentos que habrán de hacerse para atender las reservas estratégicas de hidrocarburos, así como por la necesidad de reducir la proporción de carbón en el balance global a causa de su elevado factor contaminante.
Por último, en una visión más dinámica, está claro que China va preparándose para el futuro. Busca el ahorro y la eficiencia energética, en lo cual el horizonte de máximo aprovechamiento se encuentra aún lejanísimo. Y además, y en parte por razones ecológicas, está tratando de racionalizar el consumo de carbón reduciendo la emisión de gases de invernadero, a base de transformarlo en gas o líquido. A lo cual se agrega el gran impulso que está por darse a la energía nuclear, y a las alternativas, incluyendo eólica, solar y biomasa. Sin olvidar que la meta más preciada consiste en llegar un día a tener una fuente casi ilimitada de energía barata y no contaminante, como es el hidrógeno.

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