MANUEL FERNÁNDEZ AREAL CATEDRÁTICO EMÉRITO DE PERIODISMO
De aquí y de allá
La víctima
A mí, el señor Rodríguez Zapatero me recuerda mucho a esos niños difíciles, que se meten con todo el mundo, arrean patadas a sus compañeros a traición, insultan, envidian a los otros, se burlan de los que se portan bien, etc. y, cuando les sorprenden en alguna fechoría, enseguida echan la culpa al prójimo y se echan a llorar: me ha pegado, me ha insultado, me ha empujado, no quiere jugar conmigo...
Pero, claro, ser presidente de un país, y sobre todo de un país como era España en el momento en que el señor Rodríguez Zapatero accedió al poder y se encontró, como un niño con zapatos nuevos, encantado de poder dar órdenes y mandar y ser obedecido y adulado, es algo mucho más serio que jugar a molestar al contrario. Nos estamos jugando el presente y el futuro de este país llamado España, que era respetable y respetado, y que muchos no acaban de reconocer ya como propio.
La política, en España y en cualquier país medianamente serio, no puede ser cosa de personajes infantilizados que escenifiquen ante las cámaras de la televisión sus lloriqueos y sus frustraciones, haciendo derivar siempre hacia el oponente político todos sus errores personales, buscando -supongo que médicamente esta conducta tiene una explicación científica- cargar al otro con la culpa de no haberse comportado uno con la madurez necesaria: no ha querido jugar conmigo, no me quiere, no reconoce que soy yo el que tiene la razón.
Conozco personas del mismo partido que el señor Rodríguez Zapatero que dan la medida de su madurez humana y política y son garantía de eficacia. Estoy pensando, por ejemplo, en un joven ex alumno, buen alumno, que acaba de ganar las elecciones en su pueblo y que sabe enfrentarse con la realidad, a pesar de sus veintiocho años, con toda nobleza y madurez humana. Pero, otros...
domingo, junio 17, 2007
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