domingo, junio 17, 2007

Carlos Luis Rodriguez, Vertigo en Maria Pita

lunes 18 de junio de 2007
CARLOS LUIS RODRÍGUEZ
a bordo
Vértigo en María Pita
La suerte de ese experimento insólito que acaban de sellar Losada y Tello en A Coruña depende en gran medida de que se imponga una filosofía en la que suele insistir Anxo Quintana. Habla el vice de los ritmos que ha de respetar el nacionalismo, de las dosis con que han de aplicarse sus principios en una sociedad que no es una versión ampliada de la militancia del BNG.
Ese fue unos de los peores errores en el pasado: dejarse llevar por un espejismo donde Galicia era un país que demandaba fuertes raciones de nacionalismo. En aquellos lugares como A Coruña en los que esa teoría era difícil de defender, se recurría a otra que consideraba a la población hipnotizada por mensajes perturbadores, que impedían que aflorase el mayoritario sentimiento galleguista de la gente.
Semejante análisis le ha impedido al nacionalismo valorar con serenidad el fenómeno socio-político de Paco Vázquez. Es poco consistente mantener que el actual embajador en el Vaticano había abducido a los coruñeses. Tampoco se sostiene la idea de que fue un conservador disfrazado con las venerables siglas del PSOE, que desarrolló una política derechista.
No existen precedentes de un abducción tan prolongada, que además requiere considerar idiotas a los miles de ciudadanos que le proporcionaron las mayorías absolutas. En cuanto al carácter derechista de su política, se aporta como prueba que los tres ediles que pierden los socialistas son los mismos que ganan los populares.
Esa valoración sólo serviría para afirmar que Vázquez aportaba un plus, explicable por su capacidad para seducir a parte del electorado del PP. Pero el resto de su parroquia, el mayoritario, era sin duda de izquierda, como lo prueba que en estas elecciones haya optado por quedarse en el socialismo, en vez de emigrar.
Es una izquierda que ha tenido históricamente gran arraigo en la ciudad. Una izquierda antinacionalista, heterodoxa y un poco señorita en su estilo. Casares Quiroga, por ejemplo. Que Paco se vaya quedando solo, mientras el resto de sus compañeros del PSdeG preparan el compromiso histórico con el nacionalismo, no convierte sin más su periplo en algo conservador. Insistir en ese análisis forzado, sería un mal comienzo para este acuerdo que pone fin a décadas de enemistad, en las que socialistas y nacionalistas coruñeses fueron como las aficiones del Madrid y el Barça.
Esto es más que un acuerdo. En el resto de Galicia, ambas aficiones ya llevan tiempo mezclándose, existe un mestizaje en la izquierda que no se da en A Coruña desde tiempo inmemorial. El vértigo es lógico. Se acentúa con unos resultados paradójicos que le permiten al BNG abrir las puertas del poder, sin haber aumentado su peso electoral. Se incrementa cuando los protagonistas son los mismos que han librado duros combates sobre el ring consistorial, casi como Paisley y McGuinness allá arriba.
De ahí la importancia de que se imponga la filosofía quintanista de un nacionalismo administrado en dosis homeopáticas. A la vista está que para muchos coruñeses de izquierda, Vázquez no fue un alcalde abominable sino el regidor más importante de la democracia municipal. No lo votaron una y otra vez porque desnaturalizara la forma de ser de la ciudad, sino porque la representaba mejor que otros. Lo cual no quiere decir que Henrique Tello deba convertirse al vazquismo, por Dios, sino elaborar su propia receta de nacionalismo a la coruñesa. Si se pone, seguro que le sale.

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