lunes, junio 18, 2007

Luis de Velasco, Sube el recibo de la luz

lunes 18 de junio de 2007
Sube el recibo de la luz Luis de Velasco

Es la crónica de una subida anunciada y que todavía no ha terminado. Frente a las declaraciones de la vicepresidenta De la Vega, el Gobierno acaba de aprobar la segunda subida de este año del recibo de la luz, que sube bastante más que la inflación prevista. A la semana escasa de las elecciones.
La subida es bastante mayor para los consumidores industriales, que de este modo verán aumentar sus costes y, seguramente y así lo han dicho ya, perjudicada su ya deteriorada capacidad de competir en los mercados. Los consumidores ya han hecho oír su protesta, camino de vacas flacas cuando los tipos de interés hipotecarios siguen subiendo y las penurias para llegar a fin de mes de más de la mitad de las familias aumenta, algo que se va ya notando en el principal motor del crecimiento, el consumo privado.
Por supuesto que el ministro del ramo, Clos, ha manifestado que este alza de las tarifas nada tiene que ver con las multimillonarias cifras pagadas por la adquisición de Endesa en una OPA que muchos de sus actores principales y secundarios (entre estos últimos, ese ministro) quieren olvidar. Ha invocado el déficit eléctrico acumulado y, cómo no, exigencias de las autoridades europeas.
Sin dejar de reconocer esto, está claro y así lo dijimos en pleno fragor de la locura alcista de la cotización de Endesa que, dado que en economía no hay comidas gratis, alguien pagaría al final la juerga, y ese alguien no sería otro que el consumidor, vía alza de tarifas aprobadas por el Gobierno. Así ha sido y el Gobierno ha acudido presuroso a auxiliar al vencedor, una empresa pública italiana ganadora en la realidad en esa curiosa alternativa “española”, como la calificó Clos.
Esto no es el final del proceso sino el principio de más subidas autorizadas de tarifas cada trimestre, y el próximo año, liberalización de las mismas así como de los movimientos asociativos en un sector que siempre se ha caracterizado por su alto grado de oligopolio y de domino del mercado, como lo demuestran sus grandes beneficios y su capacidad de apalancamiento, a pesar del famoso déficit tarifario. A destacar que el sector sigue percibiendo millonarias cantidades a cuenta de unos curiosamente denominados “costes de transición a la competencia”. ¿Qué competencia?
Todo esto, que se resume en la gran fuerza de un grupo de presión como son las eléctricas, no es nuevo en nuestro país, donde siempre han sido uno de los, en otras épocas, denominados “poderes fácticos”. En una entrevista recientemente publicada con motivo de su fallecimiento, el entonces vicepresidente del Gobierno Fuentes Quintana declaraba que, en su lucha para, en aquellos años, nacionalizar la red de alta tensión tuvo siempre enfrente al sector y su poderosa patronal, y que los informes que recibía del Ministerio de Industria llevaban el membrete de esa patronal, algo bien sabido. Hoy las cosas son, por supuesto, más sofisticadas pero la fuerza del sector (del que desapareció la empresa pública con la privatización de la empresa más rentable de todas, Endesa), ya en gran parte en manos del nuevo gran poder, el del ladrillo, sigue siendo enorme. Repásense los nombres de quienes integran el mismo y de sus acreedores, también interesados en la rentabilidad asegurada de esas empresas. Efectivamente, todo debe cambiar para que todo siga igual.

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