lunes 18 de junio de 2007
Los peones se irán José Javaloyes
Se consolida la fractura palestina. Tras de la ocupación de Gaza por las milicias islamistas de Hamas, teledirigidas desde los hombres de Teherán refugiados en Damasco, y la formación en Cisjordania, por Mahmud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), de un Gobierno nuevo en torno a la figura de Salam Fayad, se abre un nuevo escenario para el problema de la República Islámica de Irán. Un escenario que, aun en su radical novedad, es conexo con el establecido en Líbano por Hezbollah: la otra rueda sobre la que se mueve la penetración iraní por los flancos norte y sur de Israel.
Sobre el angosto tablero de lo que fue la Palestina del mandato británico en Oriente Próximo hasta 1948, el régimen integrista de Teherán mueve sus peones en torno al Estado judío, contra cuya existencia se reitera. De ahí que las reacciones internacionales tras la ofensiva islamista en la franja de Gaza guarden semejanza profunda con las reacciones y los alineamientos en el mundo frente a la progresión iraní hacia el dominio de la tecnología nuclear, en el específico asunto del enriquecimiento de uranio, para situarse en el doble umbral de la autonomía técnica en la energía de fisión, aplicada a los usos civiles y destinada, alternativa o complementariamente, a la fabricación de armas nucleares.
El mismo frente diplomático mundial que se alinea contra Teherán, bien que con grados distintos de definición, ante este programa de investigaciones —que era secreto hasta que lo denunció ante la Agencia Internacional de la Energía la oposición de los disidentes iraníes— es el que ahora se ha formado en apoyo de Abbas, el presidente de la ANP, por su decisión de soltar el lastre que representaba el islamismo de Ismail Haniya, el peón de Teherán que bloqueó toda posibilidad de gobernar la Palestina residual pese a los compromisos asumidos con los nacionalistas en los Acuerdos de la Meca. Acuerdos impulsados y presumiblemente financiados muy generosamente por el Rey Abdala de Arabia Saudí.
Probable es que suceda ahora, con el inmediato levantamiento del bloqueo económico a que estaba sometido el Gobierno palestino anterior —basado en la mayoría parlamentaria de Hamas—, es la apertura de un camino que conduzca al acuerdo de relaciones entre el poder cisjordano de Abbas, especialmente bienquisto de Washington y de la Unión Europea, con el Estado de Israel. Es decir, estableciéndose la inmediata viabilidad para una definitiva conversión de la ANP en Estado palestino.
A plazo inmediato, se podría componer de esta manera al sur de Israel, si perdura la taifa chií de Hamas en Gaza, un cuadro simétrico al que Israel tiene a su norte, en el Líbano más próximo a su frontera, con las huestes de Hezbollah. El chiismo en armas manejado por Irán tendría de esta manera un estatus político semejante en los extremos geográficos del Estado sionista.
La referencia a Irán es inseparable, por tanto, de todo el proceso político que soportan los palestinos. En ciertos aspectos de esta crisis, su parentesco como problema con la situación de Iraq es más estrecho, especialmente en lo que concierne al choque entre islamismo y nacionalismo dentro del mundo árabe; pero de forma general y global, el asunto está muy especialmente involucrado en la beligerancia de Irán contra Israel. Hamas y Hezbollah están en el ajedrez que juegan los ayatolás. Son dos peones que han coronado ya, puesto que rebasaron la línea última de defensa. De momento, loa choques de islamistas y nacionalistas se han extendido a Cisjordania.
jose@javaloyes.net
lunes, junio 18, 2007
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