viernes, junio 22, 2007

Lorenzo Contreras, A ZP le preparan un buen maquillaje

viernes 22 de junio de 2007
A ZP le preparan un buen maquillaje Lorenzo Contreras

A medida que el tiempo transcurre, Zapatero parece ir percibiendo la urgencia de buscarse apoyos y de garantizarse una arribada, menos difícil que la actualmente presumible, al gran proceso electoral del 2008. Poco a poco su sistema de propaganda va insinuando pasos al objeto de que su imagen política quede maquillada ante esa masa electoral todavía indefinida que puede determinar la suerte en las urnas previstas para marzo, si es que el presidente no decide adelantarlas como algunos observadores insinúan. En todo caso, el presidente administra sus gestos actuales con una clara preocupación por adecentarse ante la mirada del espectador político. La movilización de adeptos cualificados está en marcha. Ahora ha empezado a “tirar” de algún que otro pensador de su cuerda, como por ejemplo el ideólogo irlandés Philip Pettit, republicanista y supuestamente atraído por el concepto político de la llamada Alianza de Civilizaciones, entre otros criterios progresistas que van de Cuba al Sahara Occidental, aunque esto último pertenece más, aparte del reino de la retórica, a la efectiva tutela política y soberanista del otro reino, el efectivo, el de Marruecos.
La maquinaria preelectoralista se va engrasando. Cuando el filósofo irlandés citado dice con constructiva y partidista ironía que entre los defectos generales que favorecen en España “la dominación privada” figura una “economía floreciente”, aunque con ciertos desequilibrios, está refiriéndose a uno de los aspectos en los que se basa Pedro Solbes, vicepresidente económico del Gobierno, para expresar su preocupación. El señor Pettit ha elegido el marco de la Universidad Complutense para hacer resonar sus bien remuneradas conclusiones. En plano distinto se ha manifestado, saliendo de un prolongado silencio, el profesor Antonio García Santesmases, catedrático de la UNED, que en otro tiempo se destacó como crítico antifelipista dentro de los baremos de la ortodoxia disciplinaria del PSOE. En un arranque de devoción zapaterista, Santesmases ha escrito en un periódico madrileño que hoy tenemos en España “una izquierda que no va a permanecer pasiva viendo cómo se acaba con un presidente que ha demostrado valentía y audacia”.
La audacia de Zapatero no necesita especiales esfuerzos de demostración. Nos está metiendo en charcos políticos de considerable tamaño, con algún frenazo que otro, como parece que ha empezado a ocurrir en Navarra cuando soslaya, tal vez sólo provisionalmente, la alianza con los nacionalistas en el Parlamento de Navarra y en las Juntas de Álava. Al mismo tiempo extrae a Ibarretxe de las penumbras de su actual discreción, lo recibe en la Moncloa durante dos horas, se confiesa con él en un flujo recíproco, y da la impresión de que busca el apoyo del lehendakari frente a las anunciadas malas intenciones de ETA, aunque siempre a cambio de liquidar definitivamente la Ley de Partidos (como si ya no estuviese liquidada) y determinadas “fórmulas viejas” que Ibarretxe pone en relación con el destino más favorable de los presos etarras.
Como suele decirse en estas situaciones, el mayor problema de este empresario circense de la política es que le crecen los enanos. Por su culpa o sin ella, aunque en tal caso sería peor, agentes del CNI o Centro Nacional de Inteligencia encargado del espionaje han vigilado callejeramente a Manuel Pizarro, todavía presidente de Endesa, organizando así un cierto revuelo emparentado con el escándalo. Mientras tanto, el diario proetarra Gara ha utilizado con demasiada largueza su fondo confidencial para revelar con aparente fundamento que la tregua de ETA, recientemente rota, fue pactada con el Gobierno del señor Zapatero, del mismo modo que el presidente habría negociado con la banda nada menos que su declaración correspondiente ante el Congreso de los Diputados, donde la negociación con la organización terrorista recibió el respaldo que este gran negociador y artífice de la paz necesitaba.
Se ha sabido que en Ginebra hubo con ETA, por parte del Ejecutivo, eso que suele llamarse “diálogo”, con una presencia oficial reforzada a base de Bernardino León, mano derecha de Moratinos en el Ministerio de Asuntos Exteriores. La cosa, como se ve, tiende a internacionalizarse, porque entre los argumentos y valoraciones que se introducen en la presentación de estos diálogos se cita más que nunca a “testigos” cualificados del mundo extranjero.
Esto no significa que se haya llegado a establecer ninguna verdad oficial sobre contactos, diálogos o negociaciones. Zapatero es especialista en negarlo todo o en relativizar hasta la evaporación las grandes novedades que a veces se esperan o se dan por seguras. Fue lo que ocurrió el 7 de junio pasado cuando don ZP, en su primera entrevista televisada después del fracaso del alto el fuego etarra, manifestó en Cuatro, a preguntas de Gabilondo, que en el proceso de diálogo con la banda únicamente buscó la rendición o el fin de la organización terrorista, y además carecieron de valor político los contactos del PSOE con Batasuna durante tantos y tantos años. El presidente aclaró, por si hacía falta, que aquellas “zambullidas” en el mundo de las conversaciones fueron siempre “muy incipientes” y nunca plantearon una “expectativa fundamental”.
De aquellos “polvos del camino”, que diría Cándido Conde–Pumpido, vinieron los actuales lodos. O por lo menos la necesidad de cubrir ciertas apariencias llevando las togas utilizadas para las andanzas del camino a una discreta tintorería.

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