viernes 22 de junio de 2007
El fin de la piscina
El club de la más famosa piscina de Mallorca se empieza a desvanecer. Allí hacía sus saltos de trampolín, ante la admiración de las damas —con la boca abierta Cayetana—, ese gran atleta que es Zaplana, el propio Matas, Pedro J., Pedro Pérez, Agag, puede que también Aznar, Acebes y Federico, el mandril de la COPE, al que ahora, desde su ateísmo proverbial, veremos atacar con furia hercúlea la enseñanza de la asignatura de Educación de la Ciudadanía que la Conferencia Episcopal ha declarado pecaminosa sin el menor de los respetos a la democracia, la soberanía nacional y al Estado laico. Y prestos los monseñores a desatar otra gran cruzada al estilo de la Inquisición contra esta nueva y doctrinaria aparición de Belcebú en forma de libro para que los niños y las niñas de España aprendan a convivir y a respetar a sus semejantes. Y ¿se subirá el PP a la nueva romería eclesiástica de una Iglesia que no sólo ha perdido el tren de la Historia, sino también el sentido común?
No importa, pero ya se guardará Rajoy de meterse en este berenjenal si de verdad quiere recuperar el centro y ganar las elecciones, porque es cierto que tiene una oportunidad, pero ésa sólo será convertible en realidad si hace lo que debe hacer, si se rodea de políticos de centro y si no cae más en las tentaciones de la extrema derecha y en los disparates intencionados a los que le quiere llevar el dueño de la piscina, Pedro J., de quien se cuenta que podría dejarle la dirección de El Mundo a Casimiro, para presidir él, en plan Polanco —por cierto, me dicen que don Jesús está muy enfermo—, el nuevo grupo multimedia que los italianos de Rizzoli han montado gracias a la compra de Recoletos.
Pedro J. quiere que se estrelle Rajoy o que se ponga a su servicio. De ahí el lío que tiene organizado con la conspiración del 11M, y el uso que hace de Zaplana, su lugarteniente y agente doble en el PP, que bien haría en irse con Matas —que ha hecho lo que tenía que hacer, dimitir— a Estados Unidos o a las islas Seychelles, a ver si se pone un poco más moreno. Pero mientras se vende o no se vende el chalet de Pula (Mallorca) —porque sin Matas en el machito y sin poder subir al yate del Pocero aquello va a ser un tormento—, algo habrá que hacer, ahora que la pérfida Munar de UM liquidó, tras el pacto con los socialistas, el cuartel de verano del clan de la piscina del PP.
Lo que quiere decir que la alberca que violó aquel loco —Puig— de ERC pronto será de uso público, en temporada de verano, y balneario para que se investiguen las costumbres y habilidades de un tiburón blanco que ha sido capturado vivo y que el nuevo Gobierno balear tiene que ubicar en algún sitio, hasta que se recupere el animal. Después de perder Valencia, como Ben Yusuf, a manos de El Cid, las huestes cartagineras y horteras del clan Zaplana acaban de ser derrotadas en Baleares y se baten en retirada hacia Altea, el último refugio donde Paco Gaya monta la guardia con sus aviones espías por si los hombres de Harrelson/Camps aparecen por allí, como se aparecieron en Alicante y en la CAM.
El clan de la piscina de Pula y de Mallorca llega a su fin, pero no su poder y su influencia en el PP, mientras Aznar —que odia a Zapatero y que no parece tan entusiasta de Rajoy— deshoja la margarita del partido, y duda entre una rosa mentirosa y un cimbreante clavel, preguntándose todos los días qué es lo que hay que hacer, y con quién, para derrotar a Zapatero, su obsesión. Un problema que le atormenta aunque en ello no coincide con el señor de la piscina, Pedro J., que no piensa en el PP sino en él. Que ya ha perdido el poder mediterráneo del zaplanismo, y que se apresta a dar la batalla en el cogollo de Madrid, sobando el lomo a Zapatero e intentando hacerse con el pleno control del PP.
viernes, junio 22, 2007
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