jueves 14 de junio de 2007
Treinta años
KEPA AULESTIA
Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 fueron el momento inaugural de eso que con el tiempo acabamos identificando como izquierda abertzale. Aquellos comicios ofrecieron en el País Vasco un resultado que sorprendió a ETA. ETA militar había propugnado la abstención ante la primera puesta en escena de la democracia formal en España. Una llamada que no obtuvo el menor eco. La participación fue de las más altas en estos treinta años, alcanzando un 76,93%. Mientras que dos años más tarde, concurriendo HB a las elecciones, bajó a un 65,96%. En las primeras elecciones democráticas la sociedad vasca dio la espalda a ETA no sólo porque no secundara su llamamiento a la abstención; también porque se inclinó a favor de los dos partidos históricos en Euskadi -PSOE y PNV- que emergieron con la libertad representando entre ambos el 55,88% del voto. Además, las distintas formaciones que, desde la UCD a la Falange, eran consideradas por ETA excrecencias del franquismo alcanzaron una representatividad en torno al 25% del voto en Euskadi. La sociedad vasca que reflejaron las urnas hace treinta años no era la que el independentismo armado decía representar. Pero pese a ello fue la decisión etarra de continuar en sus trece la que acabaría abriendo una brecha considerable en la sociología electoral, hasta situar a HB en torno al 15% del voto emitido en las sucesivas convocatorias.Fue la Marcha de la Libertad, iniciada un mes después de aquellos primeros comicios, la que permitió recuperarse del revés electoral a lo que ya comenzaba a identificarse como izquierda abertzale. La movilización de miles de personas, recorriendo por etapas y durante quince días Euskadi, Navarra y el País Vasco francés, condujo a la gestación de un espacio social y político desde el que se denostaba el restablecimiento de la democracia, calificándola como formal e incluso como dictadura. Nada mejor que la visualización de aquel éxodo interior para olvidarse de las urnas y de la legitimidad de las instituciones. Pero para que Telesforo de Monzón pudiera advertir de que «la guerra no ha terminado», fue necesario que ETA decidiera continuar existiendo. O, más exactamente, que no se concediera a sí misma ni la oportunidad de decidir lo contrario. La muestra más elocuente fue que la amnistía promulgada por el Gobierno Suárez el 15 de octubre de 1977 resultó efectiva sólo durante nueve días. Nueve días después de que saliera en libertad el último etarra que permanecía en prisión, ETA volvió a atentar y comenzó a llenar las cárceles de activistas. Si nos atenemos al resultado electoral del 15 de junio de 1977, podría concluirse que la reforma, o la ruptura pactada, no fue contestada aquí más que en otros lugares de España. La contestación llegaría después, una vez demostrado que persistía la recreación violenta del conflicto, y cuando las carencias de la transición fueron magnificadas en torno al debate constitucional.k.aulestia@diario-elcorreo.com
jueves, junio 14, 2007
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