jueves 21 de junio de 2007
Almas gemelas
KEPA AULESTIA
El encuentro entre el presidente Rodríguez Zapatero y el lehendakari Ibarretxe no deparó sorpresa alguna. El hecho de que el discurso de los dirigentes políticos se vuelva previsible puede invitar a la tranquilidad. Pero cuando se reiteran los mensajes, ocurra lo que ocurra y durante tanto tiempo, el efecto resultante puede ser más bien el del vaciamiento absoluto del propio discurso. Zapatero e Ibarretxe presentan demasiadas semejanzas para que se lleven mal; pero también para que de su relación surja algo sustantivo. Ambos encarnan su papel institucional recurriendo en exceso a la primera persona del singular. Ambos tienden a solapar sus decisiones con la bondad moral de sus propósitos. Ambos recurren a juramentarse con la voluntad, independientemente de las circunstancias a que se enfrenten. Y ambos practican un ensimismamiento receloso, nada permeable a las indicaciones de los demás y proclive a situar la más mínima discrepancia entre los argumentos del bando contrario. Pero el parentesco alcanza especial notoriedad por su común querencia por las frases crípticas, evasivas o circulares. Como si compartieran el mantra que pudiera aliviarnos en el esforzado camino hacia la solución.A la salida de la reunión de ayer nadie habló en nombre del Presidente del Gobierno. Pero sí lo hizo Ibarretxe para expresar un apoyo con reservas a la actuación del primero frente a ETA. Tal actitud puede ser valorada más o menos críticamente. Pero en su intervención deslizó cinco afirmaciones que parecen confirmar que nuestro lehendakari no tiene enmienda. La primera, que él no representa a un partido, sino a una institución en la que participan tres formaciones. Quizá porque viéndose acompañado de Azkarraga y Madrazo se permite obviar que representa también al Estado constitucional y que ostenta una porción nada desdeñable de su poder.La segunda, que los derechos históricos son la verdadera Constitución del pueblo vasco; con lo que en realidad reduce los derechos de los vascos a su más ínfima expresión. A no ser que él sepa de más «derechos históricos» que los que conocemos los demás. La tercera, que existen «fórmulas del pasado» en las que se niega a entramparse, olvidándose una vez más que también las fórmulas que él preconiza fueron experimentadas o cuando menos propuestas en el pasado. La cuarta, su «defensa de la libertad y los derechos humanos de todas las personas», como un principio tan equívoco que bien podría aplicarse de manera favorable a los aeneuvistas que reclaman escaños legalmente de otros. La última, su temor de que ANV haya engañado a 180.000 ciudadanos. Comentario que esperemos fuese retórico o propio de una ingenuidad fingida. Porque peor sería que el lehendakari no conociese el percal. k.aulestia@diario-elcorreo.com
miércoles, junio 20, 2007
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