jueves, junio 07, 2007

Juego limpio con el medio ambiente

jueves 7 de junio de 2007
Juego limpio con el medio ambiente
AFORTUNADAMENTE, desde hace tiempo la protección del medio ambiente es una preocupación universal. Aun sin tener en cuenta las exageraciones milenaristas que ciertos sectores utilizan con fines propagandísticos, ya sabemos que la acción incontrolada del hombre puede resultar nociva para la naturaleza y que en nombre de las generaciones futuras estamos obligados a proteger el planeta que hemos recibido como herencia. En la cumbre del G8 los responsables de las mayores economías del mundo van a discutir sobre dos maneras de entender ese compromiso, el que propugna la Unión Europea, que es favorable a que los objetivos de reducción de emisiones y uso de energías limpias sean obligatorios y controlados a través de las Naciones Unidas, y el que propone Estados Unidos, en el que todo se limita a acuerdos voluntarios entre los países, confiando en que el interés general se impondrá por su propia naturaleza.
La canciller Merkel es la mejor defensora de una acusada sensibilidad que en este campo se ha anclado en la ciudadanía europea y que en los últimos meses se ha materializado en un ambicioso compromiso de evolucionar hacia energías, tecnologías y modelos ecológicamente compatibles con el medio ambiente. Los esfuerzos de la presidencia alemana merecerían verse reflejados positivamente en la cumbre, porque señalan un camino que se ha demostrado eficaz en Europa, pero que sería más realista si contase con un respaldo generalizado por parte de otros países. No se puede ignorar que, como sugiere Estados Unidos, la aplicación real de las medidas de protección medioambiental ha de hacerse teniendo en cuenta a los propios países afectados (y en ese sentido ha sido un acuerdo invitar a la cumbre para hablar de ello a países como China o La India, dos de las economías emergentes más «ricas» en contaminación), pero también es necesario que exista un cierto grado de control del «juego limpio» en un mundo globalizado.
Teniendo en cuenta sus posiciones de partida, el presidente norteamericano George W. Bush ha recorrido ya un largo camino desde el escepticismo más negativo de su primer mandato a un vacilante interés por las cuestiones medioambientales en el que parece estar en la actualidad. La sociedad norteamericana, sin embargo, ha dado ya señales de que ha sobrepasado los criterios de la Administración en este campo y está evolucionando en muchos casos en la misma dirección que Europa. Por ello, sería bueno que Bush aprovechase esta ocasión en la cumbre del G8 para sumarse a la corriente de una protección razonable del medio ambiente que será sin duda uno de los elementos fundamentales de la economía del siglo XXI.

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