jueves 7 de junio de 2007
Con De Juana no es suficiente
LA opinión pública ha recibido con satisfacción el reingreso del etarra Ignacio de Juana Chaos en la cárcel. Es lo que buscaba el Gobierno: un golpe de efecto inmediato que compensara la imagen de fracaso político que encarnó Rodríguez Zapatero en su declaración institucional. La rectificación anunciada por Pérez Rubalcaba es buena, pero con dos matices importantes que la hacen insuficiente. El primero es que está teñida de oportunismo político y jurídico. ¿Cuándo fue legal la decisión sobre De Juana, cuando el Gobierno lo envió a San Sebastián con orden de ser trasladado a su domicilio una vez recibida el alta? ¿O ahora, cuando, súbitamente, el Gobierno cae del caballo y decide su reingreso en prisión? Dice Rubalcaba que las circunstancias han cambiado y es cierto. De tal manera han cambiado que queda claro que la excarcelación de De Juana fue una retribución temerosa a ETA para que no matara. Ni respeto a la ley ni firmeza democrática. Puro oportunismo, antes y ahora.
En segundo lugar, el reingreso de De Juana en prisión no colma, en absoluto, todas las exigencias de rectificación que debería satisfacer el Gobierno para hacer creíble su voluntad de acabar con ETA. Son precisas decisiones y gestos inequívocos de que Rodríguez Zapatero asume el fracaso sin paliativos de su negociación política con ETA. El presidente del Gobierno debería empezar por construir un nuevo discurso, en el que aparezcan, de una vez por todas, los conceptos y los principios que garanticen una política verdaderamente antiterrorista. La política judicial debe sufrir un cambio drástico, lo que requiere, como condición previa, el cese o dimisión del fiscal general del Estado, ejecutor ante los tribunales de una estrategia de blindaje de la izquierda proetarra en todos los frentes legales. Al mismo tiempo, el Gobierno debe instar la ilegalización del Partido Comunista de las Tierras Vascas y, urgentemente, de Acción Nacionalista Vasca, solicitando la medida cautelar de suspensión de actividades para evitar que sus concejales electos retiren sus actas y consoliden sus posiciones institucionales. La fiscalía de la Audiencia Nacional ha de reactivar los sumarios contra la izquierda proetarra, asumiendo criterios acusadores, siempre que la legalidad penal lo permita, e instando la adopción de medidas cautelares que acaben con la reiteración delictiva de los dirigentes de Batasuna, empezando por Arnaldo Otegi, otro cuyo destino natural debe ser la cárcel.
La política de pactos no puede permanecer indemne tras la ruptura del alto el fuego y el fracaso político de Zapatero. El presidente del Gobierno ha de garantizar públicamente que los socialistas vascos no se reunirán más con Batasuna, formal ni informalmente, como llevan haciendo desde 2002 de manera clandestina y desleal con el PP y la sociedad española. La Comunidad Foral de Navarra no será el campo de experimentación del nacionalismo vasquista, de manera que el PSN debe permitir a UPN la formación de Gobierno. La rectificación debe dar paso a una política que se pueda calificar como antiterrorista, objetivo que exige revocar la resolución del Congreso de los Diputados de mayo de 2005, con la que Zapatero fue preparando el terreno para escudar su negociación con ETA. El Parlamento Europeo ha de recibir una iniciativa conjunta de PP y PSOE para certificar el fracaso del diálogo con ETA y que su opción para acabar con el terrorismo es la vía policial. Sólo así podrán eliminarse los focos de confusión que el Gobierno ha sembrado en Europa sobre la ilegitimidad de los objetivos de ETA.
Las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado deben asumir en el País Vasco la presencia que requiera la situación, en coordinación con la Ertzaintza, pero sin vacilaciones por pruritos competenciales. Y, por supuesto, Rodríguez Zapatero debe ganarse la confianza del PP, y no al revés. No es Rajoy responsable de que no haya unidad política frente a ETA. El PSOE decidió negociar con Batasuna a espaldas del PP, pactar con Otegi antes que con Rajoy, fiarse más de los proetarras que de los dirigentes populares. La vuelta al consenso y a la lealtad corresponde sólo al PSOE y a Rodríguez Zapatero. A Rajoy se le podrá pedir un discurso de unidad democrática, pero nunca que comulgue con ruedas de molino.
jueves, junio 07, 2007
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