viernes 15 de junio de 2007
Un junio de hace treinta años José Oneto
“Si no sabemos y aceptamos de dónde venimos, no sabremos adónde vamos”. La frase es de Felipe González y fue pronunciada por el ex presidente del Gobierno en el 25 aniversario del semanario Tiempo, celebrado el pasado 30 de mayo en Madrid. Para muchos, la frase tenía como destinatario al presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, un hombre que no vivió la transición y que tiene instalado su pensamiento en lo que se ha venido en llamar “la Memoria Histórica”.
Pero la verdadera “Memoria Histórica”, para la mayoría de las generaciones de este país, no está en la Guerra Civil sino en la Transición y en esas primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977, de las que ahora celebramos el treinta aniversario en un clima que no tiene nada que ver con el de aquella fecha.
A ese junio de 1977, diecisiete meses después de la muerte del general Franco y con un Ejército leal al Rey en tanto era el sucesor del Generalísimo, se llegó en unas circunstancias que muy pocos creíamos que se podría superar.
Con una economía dislocada y una inflación por encima de los dos dígitos; con la mayor ofensiva terrorista de la historia española en la que ETA, los GRAPO y grupos de extrema derecha pusieron en jaque al Estado (secuestro del presidente del Consejo de Estado Antonio Maria Oriol y el presidente del Tribunal Supremo de Justicia militar teniente general Villaescusa, matanza de los abogados laboralistas de Atocha); con asesinatos un día sí y otro no; con la amenaza de los militares que hacían de la legalización del partido comunista casus belli; con un sector de la izquierda que no creía en el presidente Adolfo Suárez, un hombre que venía de la Secretaría General del Movimiento; con decenas y decenas de partidos políticos que creían que podían conseguir el poder; con un poder económico que desconfiaba del proceso y que temía perder sus privilegios de años; con una clase política sin experiencia pero con unas ansias irresistibles de cambio y con una Monarquía puesta en duda porque Don Juan Carlos había jurado los Principios del Movimiento, que, por su propia naturaleza, decía la definición, eran inamovibles e inalterables.
No sólo no eran inalterables sino que, de hecho, desaparecieron con la Ley de Reforma política, el primer paso que da Adolfo Suárez, de acuerdo con uno de los hombres claves de la Transición, Torcuato Fernández Miranda, para que la clase dirigente del Régimen anterior se hiciese el haraquiri.
Después, entre diciembre de 1976 y junio de 1977, seis meses escasos, vendría todo lo demás: Ley Electoral, inscripción de los partidos políticos, legalización del Partido Comunista, Ley de Amnistía, legalización de los sindicatos prohibidos hasta entonces, vuelta a España de los exiliados…
Fueron seis meses frenéticos y también maravillosos en los que la calle empujaba convencida de que se estaba viviendo, después de casi cuarenta años de dictadura, el momento de la recuperación de unas libertades que se habían perdido, tras una cruenta guerra civil y una dolorosísima represión.
El 15 de junio de 1977, Adolfo Suárez y su partido, UCD (Unión de Centro Democrático), ganaron las elecciones (166 escaños) frente a un partido socialista emergente (118 diputados) que se llevó todo el protagonismo de la oposición al franquismo, protagonizada sobre todo por el Partido Comunista de España, que se convierte con sólo veinte diputados en la tercera fuerza política, nada de lo que se esperaba. Y de lo que esperaba ansioso Estados Unidos, radicalmente opuesto a la decisión de Suárez de legalizarlos.
Treinta años más tarde quinientos invitados, protagonistas más o menos significativos de lo que fue la Transición se concentraban en el Parlamento, en presencia de los Reyes y del presidente del Gobierno, para recordar con nostalgia aquella fecha, para rendir homenaje a las primeras Cortes que aprobaron la Constitución de 1978 y a sus padres constituyentes (Gabriel Cisneros, Manuel Fraga, Miguel Roca, Jordi Solé Tura, José Pedro Pérez Llorca, Gregorio Peces-Barba y Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón). Los dos grandes ausentes fueron los ex presidentes del Gobierno José María Aznar y Felipe González. Los dos cobran como ex presidentes pero los dos estaban con sus respectivos negocios. Business are business.
jueves, junio 14, 2007
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