jueves, junio 14, 2007

Jose Javaloyes, Islamismo contra nacionalismo

jueves 14 de junio de 2007
Islamismo contra nacionalismo árabe José Javaloyes

No es lo más notorio la condición arbitral que la ya establecida guerra civil palestina otorga a Israel, de momento en Gaza —bajo el punto de mira del Ejército hebreo— y después en todo el restante espacio de la Autoridad (es un decir) Nacional Palestina, cuyo presidente, Mahmud Abbas, convoca al aplastamiento de Hamas, adueñado ya prácticamente de la totalidad de la Franja, y mientras Al Fatah abandona el Gobierno de mayoría islamista. Lo más notorio y cabalmente establecido es el completo choque frontal, dentro del mundo árabe, del islamismo con el nacionalismo.
Ocurre además que, en este como en otros asuntos, cuanto de importante ocurre en Palestina tiene su efecto inmediato en Iraq, y viceversa. Por fin los análisis de los servicios norteamericanos de Inteligencia parecen haber caído en la cuenta de lo que realmente ocurre, por debajo de sucesos que en principio parecen inconexos entre sí.
La ideologizada conveniencia de que es bueno para el mundo árabe como para cualquier otro el avance hacia la democracia, con la defensa de las libertades y de los derechos humanos, parece ocultar aspectos de la realidad que son del todo relevantes; relevantes en sí mismos dentro de términos generales como, específicamente, para el propio asunto de la perseguida democratización.
Es ahora, desde hace pocas semanas, cuando ha trascendido el interés de los departamentos de Estado y Defensa en instalar políticamente una cabeza de playa dentro del nacionalismo iraquí, donde siempre estuvieron los iraquíes del sunismo políticamente configurados como nacionalistas. Algo que siempre condicionó, antes y después del sadamismo, las relaciones entre el propio Baas iraquí y su precedente el Baas de Siria, cuyo creador, por cierto, era cristiano.
La simplificación propagandística propia de todos los procesos bélicos y prebélicos borró toda suerte de distingos entre las muchas facetas que tenía la dictadura de Sadam Husein, de parentescos ciertos con los fascismos europeos de preguerra. Tal simplificación llevó al ocultamiento de distingos de importancia capital, como ahora revela la irrupción del islamismo integrista en el Oriente Próximo, así en el propio Iraq como en Palestina y Líbano.
El asesinato por los Hermanos Musulmanes egipcios del presidente Anuar el Sadat correspondió a un orden de realidad distinto del que se tomaba como referencia en los análisis occidentales sobre cuanto sucedía en el Oriente Medio. Pero tan monumental revelación y cumplido aviso no tuvo la valoración que merecía dentro de la batidora ideológica en que finalmente se ha convertido la región.
Lo cual no deja de extrañar lo suyo porque los ejes de aproximación entre Occidente y el mundo árabe tienen más que ver con el plano de las ideologías secularizadas —sean éstas de izquierda o de derecha— que con el de lo religioso, puesto que éste, el plano religioso, no tiene el mismo significado que en Occidente. Donde comparece con una estructura bien distinta que en Oriente, al separar con toda nitidez lo religioso de lo político.
Ahora, al precio de mucha sangre ya derramada en la martirizada población palestina, y al de la que aún seguirá derramándose con las establecidas condiciones para su guerra civil, se evidencia con toda claridad que la interlocución de Occidente en Oriente es mucho más factible y practicable con el nacionalismo de allí —brotado tras la caída del Imperio Otomano, como la propia república turca de Ataturk— que con el islamismo de siempre. A veces parece que el camino de la democracia pasa por los desfiladeros de las dictaduras nacionalistas.
jose@javaloyes.net

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