viernes 22 de junio de 2007
Políticos independientes
POR M. MARTÍN FERRAND
NUEVA York -la verdadera capital del mundo, según Baura- tiene buena suerte con sus alcaldes. Algún chisgarabís les ha tocado en el reparto de la Historia -¿hay alguien o algo inmune a los mequetrefes?-; pero la nómina de sus regidores tiende a coincidir con la del mérito. Rudolph Giuliani, a quien le cayeron encima las Torres Geme-las, fue un alarde en la rapidez de su respuesta ante un cataclismo sin precedentes mundiales y gestionó el caso, especialmente doloroso, con talento y acierto. Su sucesor, Michael Bloomberg, ha sabido continuar aquel trabajo y su ciudad es hoy un portento de modernidad y brillo capaz de resolver, sin sangrar con saña fiscal a sus vecinos, los pro-blemas inmensos de una megalópolis. Ahora, Bloomberg, que se colocó la banda de la Alcaldía -allí no usan la vara- como notable del Partido Demócrata, acaba de declararse independiente. Ni demócrata, ni republicano.
Me reconforta Bloomberg. Su gesto indica que hay esperanza de vida política más allá del partidismo y la obediencia. Al menos en los EE.UU., ese territorio que tanto irrita a quienes suelen anteponer otros dignísimos valores a la libertad, el supremo entre todos los convenientes al individuo. Aquí, atenazados por la partitocracia que surge de la vigente norma electoral, cuesta trabajo imaginar un líder representativo y electo que no lleve en su lomo el hierro con la sigla de la mesnada en la que voluntariamente se incluye. Algo que, expresado en los términos que mejor se ajustan al esperpento nacional, nos obliga, comicio tras comicio, a no elegir entre lo bueno y lo malo -según la sensibilidad y el criterio de cada uno- sino entre lo malo y lo peor.
Mariano Rajoy acaba de aplazar el Congreso del PP previsto para este otoño, en el que debieran caer las hojas de los árboles y las cabezas de los inútiles, para después de Navidad. En prevención dicen, de un adelanto electoral. Es decir, que ya puede apostarse que las próximas legislativas se anticiparán, sean cuando fueren, a ese Congreso en el que el PP, si mantiene sus aspiraciones y no quiere defraudar a sus votantes, deberá renovar el personal, refrescar las ideas y trazas líneas claras y coherentes para su actua-ción nacional, autonómica y local.
Como tampoco cabe esperar que José Luis Rodríguez Zapatero experimente un deseo incontenible de democracia interna en las prácticas del PSOE, está sonando, con el gesto de Bloomberg, la hora de los independientes. La implantada epidemia por la que se considera una «prestación laboral» el trabajo representativo -gran aberración democrática- fuerza el uso de los escalafones, algo que pudiera ser conveniente en la Administración, pero que resulta nocivo en la organización de unos partidos que sólo tienen razón de ser en su función representativa. En eso no deben influir ni la antigüedad ni la obediencia.
viernes, junio 22, 2007
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