martes, junio 19, 2007

Jose Javaloyes, Ola francesa y seismo palestino

martes 19 de junio de 2007
Ola francesa y seísmo palestino José Javaloyes

Si la cantada ola de la derecha francesa en las elecciones legislativas no llegó a tsunami, tal como describían los sondeos de opinión que iba a ocurrir, tampoco el arranque del Gobierno nuevo tendrá notas de marcha triunfal al ser derrotado Alain Juppé, número dos del equipo ministerial, y quedarse sin acta de diputado. Aunque se preservan los previstos términos de mayoría absoluta y se obvia el riesgo de una fórmula de cohabitación, también se han preservado condiciones contra el tedio de las mayorías aplastantes. Todo lo excesivo, al cabo, acaba por ser irrelevante.
Lo que sí queda establecido es el nivel de poder necesario para que las promesas de cambio prometidas por Nicolas Sarkozy puedan ser llevadas a puerto sin dificultades parlamentarias. El cambio en la continuidad del poder por parte de la derecha fundadora —con De Gaulle— de la V República, es otra de las precondiciones necesarias para que las reformas lleguen a puerto en las mejores condiciones de madurez y equilibrio.
En todo caso, la admirable Francia ha dado una lección de equilibrio; notoria por la magnitud de la flexión habida entre una y otra consulta. Es lo que cabe llamar dorada madurez del juego político, capaz de reaccionar, tanto en las presidenciales como en las legislativas, con el vigor necesario para encontrar la salida del estancamiento y el muermo, sin perder las maneras por los riesgos de las mayorías arrolladoras y “tsunámicas”.
En el otro extremo del escenario político internacional, el trágico espectáculo de una nación, la residual palestina de Gaza y Cisjordania, donde ha resultado imposible ensamblar en una misma unidad de propósito nacional el presente parlamentario de una mayoría islamista, vencedora de las elecciones hace 16 meses, y el pasado de una larga lucha nacionalista, aparentemente amortizada tras de la desaparición de Arafat y el peso de la corrupción política acumulada a lo largo de muchos años.
El divorcio difícilmente reversible entre los ingredientes políticos de la ANP no sólo se ha instrumentado con la existencia de dos Gobiernos y la ausencia de un Estado, sino también con la disolución por Mahmud Abbas, presidente de la ANP, del Consejo de Seguridad Nacional, única estructura de enlace entre islamistas y nacionalistas que restaba, desde que el pasado mes de febrero se suscribieran los Acuerdos de La Meca por el empeño y la presumible ayuda económica del Rey Abdalá de Arabia, que ayer comenzaba en Madrid una visita oficial —su primera como jefe del Estado saudí—, en devolución de la que el año pasado hicieron los reyes de España al país donde se custodia el grueso de los lugares santos del Islam.
Esa petición del Rey Abdalá de un relanzamiento de la política española para el Oriente Próximo, que cristalizó en los Acuerdos de Madrid, se percibe más como expresión de una cortesía que como algo hacedero, dado el descolgamiento diplomático de este Gobierno del presidente Rodríguez, perdido los anclajes que tenía el Palacio de Santa Cruz, con los Gobiernos del Partido Popular y antes con los del PSOE, lo mismo en Washington que en la Unión Europea.
En condiciones así, el interés de la visita del monarca saudí estriba principalmente en el lado de la economía y en el peso y solidez de seguro diplomático que supone la eficiente presencia de la Corona.
jose@javaloyes.net

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