jueves, junio 21, 2007

Chivite, Rezar

viernes 22 de junio de 2007
Rezar
F. L. CHIVITE f.l.chivite@diario-elcorreo.com

Rezar el rosario en los trayectos largos. ¿No es enternecedor? Los líderes católicos han hecho público un documento dirigido a sus fieles que lleva por título: 'Orientaciones para la pastoral de la carretera'. Y una de sus propuestas es ésa: realizar la señal de la cruz antes de emprender el viaje y rezar el rosario en los trayectos largos. De vez en cuando, el Vaticano tiene alguna de estas, ¿cómo llamarlas?, ocurrencias geniales. Como, hace poco, la de intentar que sus fieles se borren de Amnistía Internacional. Pero, ¿acaso tengo yo algo en contra de la oración durante los viajes? Oh, nada en absoluto, créanme. Por desgracia, nunca he alcanzado el éxtasis de la oración. Sin embargo, admito que algún efecto benéfico debe de tener cuando, desde antiguo, todas las religiones han buscado la serenidad repitiendo mantras para vaciar la mente. De todas formas, dudo que la propuesta tenga éxito en estos tiempos. Aunque, cualquiera sabe. Desde luego, no seré yo quien pretenda dar lecciones a nadie de cómo tener éxito. Y menos a la Iglesia. Además, hay otras cosas en ese curioso documento que me parecen fascinantes. Como es el hecho de afirmar que el coche (la 'macchina', en italiano), favorece los excesos y la regresión a formas primitivas de comportamiento. ¿Acaso no lo habíamos sospechado? Todos hemos sido alguna vez testigos de cómo personas normales, tipos quizá simpáticos y entrañables, gente que ama a su familia, respeta a sus vecinos y se comporta con rectitud e incluso con cierto encanto personal en la mayoría de las situaciones sociales, se transforma en una especie de energúmeno vociferante y competitivo, incapaz de ceder el paso, medio salvaje y medio paranoico, hosco, ceñudo y proferidor de maldiciones cada vez que se sienta al volante y enciende el motor ¿Cómo explicarlo? Recuerdo que Alberto Savinio cuenta en un artículo que Mussolini creía que un autista era una persona que conduce un auto. Pues bien, quizá suene un poco exagerado, pero me da la impresión de que, en cierto modo, mucha gente se convierte en autista cuando se monta en su automóvil. Se instalan en su interior como encerrándose en sí mismos. Para esta clase de individuos, el coche ya no es solamente un coche. No es sólo un vehículo. Es también una carrocería psicológica. Una prótesis virtual del yo. Algo que, por una parte, les contiene y protege, pero que, por otra, proyecta una imagen corregida y ampliada de lo que son en realidad. Una especie de super-yo metálico y con ruedas. Ya ven, utilizar el coche como instrumento de acoso e intimidación puede, a partir de ahora, considerarse pecado. Por cierto, lo que no he entendido bien es por qué no les gusta Amnistía Internacional.

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