miercoles 25 de julio de 2007
Los «maderos» de ZP
POR IGNACIO RUIZ QUINTANO
EN Inglaterra, los positivistas lógicos recomendaban como muy saludable no escuchar la retórica sobre la democracia, sino contemplar los hechos. Ver, decía sir Alfred J. Ayer, positivista pragmático e hincha del Tottenham Hotspur, lo que, por ejemplo, se hace realmente en los juzgados. ¿Y qué tenemos hoy en los juzgados españoles? Los policías del «caso Bono» sueltos y, Santiago y cierra España, una revista satírica secuestrada.
-¿Usted ha visto cosa más tonta que un censor? --le contestó gallegamente Franco a Pemán, quejoso de las tachaduras con que le habían desollado una comedia.
El censor de la revista satírica es un Conde que «roba» titulares de prensa, con lo cual la revista satírica podría caricaturizarlo de urraca, que, como se sabe desde la época de Romanones, roba y esconde.
Conde, en fin, no es Maquiavelo, pero tampoco tonto, sino coruñés. La Coruña debe de ser el foco de una insurgencia «cool», el nuevo republicanismo, que no es el de Petit, quien, por otra parte, tampoco es coruñés, sino -siquiera filosóficamente- tonto, aunque nadie lo viera el domingo en el festival taurino de Ávila, ese «revival» a lo Joselito (Jiménez) y Marisol organizado por la Junta de Salvación de la Fiesta Nacional.
El republicanismo era una cosa del bar del Círculo de Bellas Artes que ahora se lleva en el bar de los toros. A José Tomás le han dicho que es republicano y él, por si las moscas, posa con la camiseta del Che. ¡La revolución! Matar curas, comer jamones y cerrar periódicos fue el engolosinante entretenimiento de la revolución española que añora Rodríguez. ¿Quién no tiene un abuelo que una vez jugó al Straperlo? Los republicanistas, que son todos esos gallegos que aguardan a ser ministros con Rodríguez, van por los pueblos detrás de José Tomás. Y de La Coruña nos siguen llegando, además de ministros, pulpos y mejillones, los artículos de fondo de Suso de Toro; los juramentos de limpieza de sangre, a lo cristiano viejo -pero en republicano laico- del ministro de Cultura; y, naturalmente, ese Conde que, en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco, ha secuestrado una revista satírica. Si de lo que se trataba era de arrancarle otro pelo al lobo monárquico, el éxito gubernamental -el fiscal es cosa del Gobierno- estaba garantizado. Otra cosa es el espectáculo de los «maderos» de Rodríguez levantando revistas cochinas en los quioscos de España. ¡La «isegoría» de Antonio Elorza y la «isonomia» de Carlos Fuentes, a tomar por el rabel! («Isegoría» e «Isonomia»: qué nombres tan bonitos para unas vacas bravas.)
Claro que el secuestro de la revista satírica explica la absolución de los policías del «caso Bono». De los etarras se ocupa Sarkozy, pero es que aquí, con esta censura rampante, para ir de quiosco en quiosco todas las manos van a ser pocas. Por cierto, que en una situación así fue cuando Fernández Flórez escribió: «Algunos, de estar al frente de la Policía, debiera ser por correr ante ella.»
De la absolución del «caso Bono» hay que quedarse con una frase que aspira a ser la verdad en números redondos: «Lo que es susceptible de falsedad es un hecho, no la valoración del hecho, que no es otra cosa que una apreciación subjetiva del hecho.» Con ese argumento, el padre Copleston hubiera destrozado a sir Alfred J. Ayer en el famoso debate sobre el «Positivismo lógico» en la BBC. ¿Y los dos detenidos: ilegalmente para la Audiencia («un brindis al sol», dijo el gobernador progresista), pero legalmente (¿«un brindis a la sombra»?) para el Supremo? Nada. Dos simples contribuyentes desgraciados a cuyas expensas viven Bono, los escoltas de Bono, los policías que los detuvieron, los abogados propios, los abogados ajenos, los jueces y, por supuesto, Rodríguez. Las únicas declaraciones interesantes de esos detenidos son, pues, las de la renta. Y tanto Leviatán acojona. Gallardón tiene uno, chaparrete, pero fiero, como los de «Beavis y Butt-Head», que a los chavales de catorce años, mientras les multa por «skatear», les pone el «Cara al Sol», lo cual, junto al palo de la bandera de Colón, impresiona, aunque a los políticos municipales les hace... gracia.
miércoles, julio 25, 2007
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