jueves 25 de julio de 2007
Un infiltrado en el CNI
POR M. MARTÍN FERRAND
DEL mismo modo que, en cuestiones de dinero y santidad, debemos rebajar todas nuestras hipótesis a la mitad de la mitad, cuando se trata de asuntos de espionaje no conviene dar por bueno más que un mínimo porcentaje de lo que nos cuentan las fuentes oficiales. El engaño y la triquiñuela son los instrumentos de trabajo acostumbrados en los servicios secretos y, en lo que se nos alcanza saber de ellos, una parte de la seguridad del Estado depende de eso a lo que pomposamente bautizamos como «inteligencia» y, lo mismo por encima de los tejados que por debajo de las alcantarillas, está atenta a la acción de nuestros más insospechados enemigos. Incluso a la de nuestros más conocidos amigos.
El Centro Nacional de Inteligencia, el polémico CNI, heredero de otros de distinto nombre, parecida función y mala memoria, no sólo construye helipuertos -¿con licencia municipal?- en lugares merecedores de mayor respeto ecológico, como el que ha levantado en Madrid con vistas a los Montes del Pardo; sino que, diz que esforzadamente, lucha contra el mal. Ocurre, como en las novelas, que alguno de sus luchadores profesionales puede pasarse al enemigo. Es el caso, según nos cuentan con prudente retraso y torpes limitaciones, del suboficial Roberto Flores García, detenido en Tenerife por suministrarle información a los servicios equivalentes de la República de Rusia. El «infiltrado» Flores, supongo que para ganarse un sobresueldo, les ha cantado a los rusos todo su repertorio. Un infiltrado, por otra parte, es pieza insustituible en toda organización secreta que se precie de serlo y, además, curse con cargo al Presupuesto.
Mal debe de estar Rusia si, en defensa de su soberanía y para la protección de sus intereses, contrata a tiempo parcial a un suboficial del CNI, el centro que, por lo poco que sabemos de él y de sus antecedentes, sirve de inspiración a la TIA de Mortadelo y Filemón y abunda más en la vigilancia de los buenos que en la de los malos. Sorprende, eso sí, que lo que sólo tiene la apariencia de un asunto de régimen interior genere el ruido que acompaña al caso. Un ruido que se hace estruendo si se atienden las declaraciones de Alberto Saiz, el director y cabeza de tan singular organización. Según el espía en jefe, los datos que el detenido Flores ha facilitado a Rusia en el desempeño de su desleal pluriempleo no afectan a la seguridad de España, de la Unión Europea, ni de la OTAN.
Flores, siempre según la información oficial, llevaba seis años como «agente doble» -digámoslo así para no alterar la tradición terminológica del género-; ¿qué habrá fisgado el hombre para que tanto tiempo de observación y chismes no afecte, ni un poquito, a la seguridad nacional ni a la de nuestros vecinos y aliados? Parece que ha desvelado la identidad de un buen número de nuestros agentes secretos, pero eso, según Saiz, es peccata minuta. La fórmula del Chupa-Chups y los planos de la fregona están a salvo.
miércoles, julio 25, 2007
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