martes, julio 24, 2007

Pilar Cernuda, El secuestro de "El Jueves"

martes 24 de julio de 2007
PILAR CERNUDA PERIODISTA
crónica personal
El secuestro de "El Jueves"
Ha sido un error tan monumental, y de tal envergadura, que no cabe en cabeza humana alguna que lo haya cometido una persona inteligente, así que, inevitablemente, se llega a la conclusión de que el asunto de la revista El Jueves tiene trastienda, tiene retranca, y, posiblemente, no se trate de un asunto inocente.
Se produce, además, cuando llevamos meses con una campaña de desprestigio a la Corona jaleada por sectores perfectamente definidos, que se encuentran ante un Gobierno que hace como que trata de forma exquisita a la institución, pero toma iniciativas que colocan a la Familia Real en situación delicada. Secuestrar una revista minoritaria por una portada soez es la mejor forma de convertir esa revista en mayoritaria y centro de la atención mundial, como así ha sido.
Torpeza de tal magnitud no cabe en un fiscal general que hasta que fue fiscal general había demostrado solvencia y rigor profesional y que, además, tenía una buena cabeza, puesta al servicio de Zapatero desde que le ofrecieron el alto cargo. El Conde-Pumpido que conocen tan bien los que han admirado su carrera profesional, jamás habría secuestrado una revista sin darse cuenta de que el secuestro se convertía en una monumental campaña publicitaria.
Nunca El Jueves vendió tanto, nunca una portada soez había tenido tanto eco, nunca una viñeta de pésimo gusto había sido tan reproducida.
No estamos ante una mano inocente que decide salvar el honor de los Príncipes de Asturias instando al juez para que secuestre una revista. Para nada: nadie que conozca mínimamente a Conde-Punpido puede creer que el fiscal no supo adivinar las consecuencias de su decisión.
Cualquiera con dos dedos de frente se daba cuenta de que el secuestro tenía carga de profundidad. Carga de profundidad dirigida a la línea de flotación de la imagen de los Príncipes de Asturias y, por extensión, del resto de la Familia Real.
"Secuestrar una revista es algo cuestionable", ha dicho la vicepresidenta y portavoz del Gobierno. Pues claro. Por eso cuesta tanto creer en la inocencia de esa decisión del fiscal general del Estado.
Llega además el secuestro cuando desde determinados medios se insiste en arremeter contra la Princesa sólo y exclusivamente porque no le perdonan que el Príncipe haya elegido por esposa a una mujer divorciada y que no pertenecía a la aristocracia. Llega cuando desde determinados programas de televisión se habla de los Príncipes solo cuando aparecen en actos deportivos y sociales, sin dar cuenta jamás de sus muchas actividades institucionales, y llega cuando los mismos que tanto defienden la necesidad de prestar más atención a los hijos, critican de forma desaforada que doña Letizia haya decidido dedicarse a sus hijas durante los tres meses de lactancia de su nuevo bebé.
Que no nos vengan con que el escándalo se ha creado porque tenía como protagonistas a miembros de la Familia Real: si el chiste zafio tuviera por protagonista a un dirigente político habría ardido Troya. Se puede criticar a la Familia Real, faltaría más, de hecho se han publicado multitud de informaciones que con toda seguridad no han gustado a los Reyes ni a sus hijos.
Pero este tipo de operaciones con sal gorda hieden.

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