miércoles, julio 25, 2007

Luis de Velasco, El vaciamiento del Estado

miercoles 25 de julio de 2007
El vaciamiento del Estado Luis de Velasco

La vicepresidenta del Gobierno, Fernández de la Vega, habría afirmado, en la última reunión de la Comisión de Secretarios de Estado y Subsecretarios, que “parece que sobra la mitad de los ministerios y, si se suprimieran, ganaría el erario público”. Interesante afirmación que merece un comentario. Vayamos por partes, parece que dijo Jack el Destripador.
Parecería que no le falta razón cuando afirma que parece que sobra la mitad de los ministerios. El proceso de construcción del Estado de las Autonomías consiste precisamente en transferir competencias con los correspondientes recursos financieros, y esto es que lo que se ha venido haciendo todos estos años. Varios ministerios se han quedado con casi nulas competencias, lo que, en una situación normal, habría justificado su desaparición. Una situación “normal” sería la de considerar, como jurídicamente lo son, las Comunidades Autónomas como Estado. En la práctica, todas ellas o, mejor dicho, sus dirigentes y clase política local, no se consideran como Estado español sino como uno propio y actúan en consecuencia. Falta aquí, como se está demostrando hasta la saciedad, el imprescindible elemento de la lealtad constitucional, sustituido por la deslealtad, el victimismo y la reclamación a “Madrid”. Este virus que empezó con los partidos nacionalistas (al fin y al cabo, es la razón de su existencia), ha contagiado a todos los demás, empezando por los socialistas catalanes, más papistas que el Papa. Para evitar o, al menos, tratar de aminorar el caos, es imprescindible el mantenimiento de ministerios que traten de lograr una mínima coordinación y armonización, tarea muy difícil en esta situación. No sobran, por tanto.
La experiencia de estos años demuestra que, si se suprimieran, no ganaría el erario público, antes al contrario. Estos años han visto el aumento en el número total de funcionarios por el incremento en los niveles autonómicos y locales, incorporados además con mayores dosis de incompetencia y de clientelismo político que en la Administración central. Además, la casi desaparición de la empresa pública estatal ha coexistido con un aumento mayor de empresas públicas autonómicas y locales.
La construcción del Estado de las Autonomías, una de las reclamaciones políticas de la Transición, arroja hasta ahora muchas luces y sombras, activos y pasivos. Lo normal en todo proceso social. Seguramente hasta hora, lo positivo ha superado a lo negativo. Pero con la reciente aprobación del Estatuto catalán y su inevitable “efecto demostración”, está claro que entramos en una nueva etapa en la que una cosa se convierte en su contrario. Atajar esta situación, incluso tratar de revertirla, es una tarea ciudadana imprescindible.

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