miércoles, julio 25, 2007

Jose Javaloyes, Gadafi y el indulto búlgaro

miercoles 25 de julio de 2007
Gadafi y el indulto búlgaro José Javaloyes

El indulto con que el presidente de Bulgaria ha recibido a las cinco enfermeras y el médico palestino, cuando han pisado las pistas del aeropuerto de Sofía, es algo más que el desenlace feliz de un drama que ha durado ocho años y que pudo haber tenido un desenlace monstruosamente trágico, de no mediar la presión internacional sobre el beduinato líbico del Coronel Gadafi.
Era la condición impuesta por Trípoli y aceptada en el pacto que, tras la permuta por cadena perpetua de la pena de muerte impuesta al equipo médico-sanitario, por supuesta responsabilidad en el contagio del sida sufrido por más de 400 niños libios, la pena de prisión a perpetuidad en que se habría purgar la segunda condena fuera en una cárcel búlgara. Era condición tan inaceptable como el propio proceso al que fueron sometidos enfermeras y médico para tapar ante el pueblo libio la responsabilidad en que había incurrido la dictadura que soporta.
Tengo referencias, de médicos españoles que han trabajado en Libia, sobre el desorden hospitalario allí imperante, como en tantas y tantas dependencias de la Administración. El despilfarro de recursos que preside aquella realidad es directa consecuencia de la incapacidad del sistema aquel, articulado, de una parte, sobre la idea de que con dinero —y el petróleo lo aporta a raudales— se consigue cualquier cosa; y de otra parte, sobre la falta de ventilación política, de control del poder y de freno a la arbitrariedad.
El equipo médico-sanitario que ha soportado esta pesadilla se encontró en Bengasi con un hospital en el que, entre los muchos problemas conocidos y detectables a simple vista, existían otros como el del plasma sanguíneo y el instrumental contaminados de sida. Todo era cumplida consecuencia del sistema, efecto automático de la incapacidad establecida.
Lo único que funciona a la perfección en el régimen gadafiano es la policía, o más propiamente dicho, las policías. El régimen ha conseguido esa “calidad policial” que tanto ponderaban cubanos castristas, sentados cerca de mi mesa en un café de Trípoli. “Calidad” alcanzada en su día con aportaciones tan sensibles como especialistas de la terrible Stasi, llegados de la antigua Alemania comunista.
Lo curioso del caso es que el dictador tripolitano, que con todo este monstruoso lío se ha cubierto una vez más de gloria revolucionaria, aprovechando el papel que la señora Sarkozy ha desempeñado en la concertada y fructífera presión internacional, dice ahora, ante la inmediata visita del jefe del Estado francés, que su propósito es el de acordar una alianza estratégica con nuestros vecinos transpirenaicos. Es lo que el clásico decía: “hacer de la necesidad virtud”.
El empeño gadafiano no llega en esto de los derechos humanos a lo de nuestro presidente del Gobierno con su Alianza de Civilizaciones, aunque por alianzas que no quede. A veces, ciertos pasajes de la política internacional son también como el sueño de un borracho contado por un loco.
jose@javaloyes.net

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