miércoles, julio 25, 2007

Jose Luis Manzanares, Las injurias a Dios y a la Corona

miercoles 25 de julio de 2007
Las injurias a Dios y a la Corona José Luis Manzanares

El juez Juan del Olmo ha ordenado el secuestro de un número de la revista El Jueves porque sus dibujos y comentarios serían injuriosos para los Príncipes de Asturias. El semanario asocia el trabajo del matrimonio con la procreación y la ayuda prometida por Rodríguez Zapatero para fomentarla, de modo que los hechos pudieran ser constitutivos de un delito de injurias al sucesor de la Corona según el art. 451 del Código Penal. Se espera por ello que el fiscal, a petición del cual actúa el juez, se querelle también para que los culpables sean condenados. Nos encontramos de nuevo con la colisión entre los derechos al honor y a la intimidad, de un lado, y los derechos a la información y a la libre expresión de otro. Los juristas nos entretendrán con el debate de costumbre y un día los jueces dirán la última palabra. Y hasta la próxima.
Es muy difícil pronunciarse en estos conflictos, porque al problema estrictamente jurídico se suman las ideologías, el entendimiento de la libertad y el temor al intervencionismo del Estado. Habrá, pues, que dar tiempo al tiempo hasta conocer la opinión de la Justicia, muy respetable sin duda pero sometida a su vez a las críticas del personal. Lo que sí cabe hacer ya, sin esperar al desenlace final de este episodio, es comparar la suerte que corren las injurias según los ofendidos. Somos muchos, monárquicos y republicanos, los que exigimos un respeto para el Jefe del Estado, sea Rey o presidente de una República, como símbolo de la unidad de España. Pero hay también millones de españoles para los que el respeto a Dios y a sus creencias religiosas es de igual o mayor importancia.
No parece que se use la misma vara de medir en ambos casos. Se han escenificado deplorables escarnios de la religión católica. Se han publicado imágenes bastante más groseras que las de este ejemplar de El Jueves. Y se han paseado por las calles de Madrid algunas carrozas cuyo único objeto era —en una solidaridad al revés— ofender a los católicos españoles. Pero la reacción del fiscal, si la hubo, fue muy distinta.
La blasfemia —léase el Diccionario— se ha subvencionado como evento cultural. Y a veces los protagonistas fueron personajes públicos. ¿Recuerdan a Carod-Rovira en Jerusalén, posando con una corona de espinas, sonriente y feliz, mientras que Maragall, no menos alegre, inmortalizaba la imagen? Una estupidez que refresca un poquito la memoria histórica. La ofensa a los sentimientos religiosos es también un delito según el art. 525 del Código Penal. Cuidemos, pues, de dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César.
Dudo mucho de que El Jueves haya incurrido en un delito distinto al del mal gusto. No ha habido representaciones aberrantes como en algunos de los ataques a la religión. Veremos lo que opinan el Tribunal Supremo, el Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Después de todo, la grosería habitual de esa revista no dejaba de tener en este caso un componente político. Mientras tanto, la publicidad está garantizada.

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