miércoles, julio 25, 2007

Ignacio Camacho, ZP y el elefante

miercoles 25 de julio de 2007
ZP y el elefante

POR IGNACIO CAMACHO
NO consta que Zapatero haya leído aún a George Lakoff, autor del best-seller político de moda -«No pienses en un elefante»-, ni que le deba el magisterio que confiesa respecto a Phillipe Pettit, pero sus estrategias discursivas deberían figurar como ejemplo en la próxima edición del celebrado libro del catedrático de Berkeley. Cambiando la idea de los «marcos» semánticos por la de los conocidos «mantras» retóricos con que sustituye la gestión de Gobierno, nuestro presidente lleva tiempo aplicando la doctrina básica de Lakoff sobre la preminencia de los conceptos sobre la acción. Esto es, de la efectividad propagandística como clave del liderazgo público.
A ZP hay que reconocerle una clara ventaja en el dominio de los marcos de ideas, que pinta con maestría en el vacío de la opinión pública para crear etiquetas y escenarios de enorme eficacia persuasiva. Cualquier gobernante con su escuálida hoja de logros se habría ya hundido en la apreciación ciudadana de no ser por la primorosa virtud con que decora la nada en un discurso abstracto. Frente a la realidad penosa de su hueca gobernanza, ha levantado espléndidas imágenes virtuales que le presentan ante buena parte de los electores como un adalid de la igualdad, el pacifismo y la tolerancia zarandeado por los viejos demonios de la España de cerrado y sacristía.
Sería estéril e injusto negarle esta virtud (?) política que le mantiene en pie en medio de un piélago de fracasos, por decirlo con palabras de Shakespeare. Si naufraga su «mantra» favorito -la «pazzzzzzz»- ante la evidencia de un engaño flagrante del que resulta al mismo tiempo cómplice y víctima, se saca de la chistera un nuevo conejo -elefante, diría Lakoff- con el que engatusar a una parroquia predispuesta. Cuando no es la ley antitabaco -defensa de la salud pública-, se trata de la seguridad vial -preocupación por la vida de los ciudadanos-. Cuando encalla la memoria histórica -guiño a la herencia republicanista de la izquierda-, desenfunda la Educación para la Ciudadanía -desafío laico a la influencia clerical- o la paridad de sexos -brindis al sedicente feminismo progresista-. Siempre tiene a mano una brocha a la que agarrarse, aunque sea para quedarse colgado del marco retórico.
Ahora toca el cambio climático, preocupación ecologista que engancha con la juventud pero que, sobre todo, viene a reforzar su perfil virtual de activista por las grandes causas. A cada mantra corresponde una medida legal sin gran coste efectivo, que apuntala la eficacia de un modelo abstracto ante el que la derecha sólo sabe oponer el ceño fruncido de un cierto catastrofismo o, todo lo más, el «sentido común» al que apela, como otro mantra paralelo, Mariano Rajoy. Pero ZP lleva doble ventaja, la de la iniciativa del poder, como los republicanos estadounidenses que analiza Lakoff, y la del doble rasero de la izquierda española, y apoyado en esos estribos cabalga sobre los vistosos elefantes que dibuja en el imaginario del público con una habilidad a prueba de contrastes. Eso sí, el día que los electores perciban que los elefantes son sólo ficciones conceptuales, le va a doler el batacazo. Pero eso no tiene por qué ocurrir antes de las próximas generales

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