miercoles 25 de julio de 2007
Mezquino Miguel Ángel Martínez
EL nombramiento del diputado socialista español Miguel Ángel Martínez como vicepresidente del Parlamento Europeo fue un mero efecto secundario del reparto de los diferentes puestos de la Cámara cuando cesó como presidente el también socialista español Josep Borrell. En el grupo parlamentario socialista hay muchas figuras relevantes que podrían haber sido designadas para este puesto, diputados cuyo compromiso con el proyecto europeo no necesita ser probado. Sin embargo, por razones que sólo competen a quienes adoptaron aquella decisión, en el grupo socialista español optaron por proponer a Miguel Ángel Martínez para ocupar el puesto. Es justo que el oprobio por los efectos de esa decisión recaiga también sobre quienes la promovieron.
Lo que ha sucedido con la obstrucción de Miguel Ángel Martínez a la creación de unas becas con el nombre de Loyola de Palacio es uno de los episodios más vergonzosos que se hayan visto en la Eurocámara. El todavía vicepresidente tuvo la oportunidad de haber reflexionado después de su primera negativa ante la propuesta de las becas, que a muchos observadores les pareció precipitada e irreflexiva. Las estructuras del grupo parlamentario y del Partido Socialista pudieron haber reconducido este debate con el eficaz procedimiento del diálogo y la negociación, pero prefirieron dejar correr el tema. Martínez habría podido darse cuenta de la gravedad del error que estaba cometiendo cuando otro vicepresidente, el popular Alejo Vidal-Quadras, volvió a proponer el asunto de las becas Loyola de Palacio en la Mesa del Parlamento, pero prefirió insistir en su obstruccionismo, bajo el chocante argumento de que la fallecida vicepresidenta de la Comisión le parecía una figura «controvertida». Y aun después, a la vista del grado de repudio que este asunto estaba generando, el Partido Socialista, el grupo parlamentario o el propio eurodiputado podrían haber intentado buscar una fórmula honorable de rectificación.
Lamentablemente, ni uno ni otros han querido aprovechar las ocasiones, tal vez creyendo que el temporal escamparía. Han preferido aplicar -donde no cabía de ninguna manera- la consigna del acoso inclemente al Partido Popular, aunque fuera pisoteando la memoria de alguien que, puesto que ya no está entre nosotros, no tiene ningún papel en la política española. Pero si hay que hablar de figuras «controvertidas», pocos merecen más este calificativo que el mismo Miguel Ángel Martínez, que aplaude sistemáticamente a la dictadura cubana en abierta contradicción con los valores básicos de la democracia. Con su actuación mezquina y sectaria,Martínez ha demostrado que no merece ostentar el cargo de vicepresidente del Parlamento, y lo mejor que podría hacer el grupo socialista es proponerle otra ocupación en la que no cause más desdoros a la Eurocámara, por ejemplo devolviéndolo al anonimato.
miércoles, julio 25, 2007
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