jueves, julio 26, 2007

Ferrand, Muestrario de apagones

jueves 26 de julio de 2007
Muestrario de apagones

M. MARTÍN FERRAND
SOLEMOS, por estos hermosos pagos, hacer las cosas deliberadamente mal. Son tantos los complejos sociales y políticos, incluso morales, que nos afligen que difícilmente encontramos las líneas coherentes de actuación en las que, a partir de unas causas determinadas, se persiguen unos efectos concretos y palpables. Ahí tenemos, y es un buen ejemplo de lo que digo, el apagón que estos últimos días tiene justamente enrabietados a los barceloneses y es, además de un gran problema, el pregón de otros de mayor envergadura que aguardan turno como fruto de la delirante política energética que venimos arrastrando desde hace ya muchos años. Privatizar, como se hizo con las empresas eléctricas, está muy bien; pero hacerlo sin liberalizar el mercado y, al tiempo, amurallar el sector contra la libre competencia en un marco regulado es, como demuestran los hechos, un gran disparate. Lo público ofrece sus certezas y lo privado sus ventajas; pero esos mestizajes, tan gratos a nuestros dos grandes partidos, sólo sirven para alumbrar un gran ornitorrinco nacional que es mamífero, pero pone huevos y parece construido con los desperdicios de un zoo.
Así, en la oscuridad ambiental y en las fronteras de la crispación, las primeras cabezas del PP acudieron ayer a Barcelona para echarle medias suelas a los agujereados zapatos del partido en Cataluña. Es la liturgia del relevo, inevitable en las crisis. A un Josep Piqué caducado sigue un Daniel Sirera sin afeitar. Ahora, según dice Ángel Acebes, el muñeco con el que Mariano Rajoy juega a ser ventrílocuo, el PPC está «organizado». ¿No lo estaba antes? Es, dice también el impar número dos de la formación, un partido «con proyecto para Cataluña». ¿No lo tenía? Se ve, a pesar de la oscuridad reinante, que los apagones no son exclusiva de la red eléctrica y cursan y abundan en todos los ámbitos de la realidad. La brillantez nunca ha sido una nota definidora de Acebes; pero, en el descenso de las probabilidades de que Rajoy alcance el poder en los próximos comicios, se ha vuelto espeso y pavonado, oscuro y farfullador.
Este afán de no comprometerse demasiado, de querer ser carne y pescado a un mismo tiempo, la vocación centrista que tanto define a los cuadros del PP y del PSOE, dramáticamente semejantes y paralelos, recuerda lo que Horace Walpole, pieza clave para el conocimiento de la sociedad inglesa en la segunda mitad del XVIII, decía de los jóvenes nobles y prósperos, poco dados al esfuerzo y al trabajo, que «provistos de rizos y catalejos», paseaban por el mundo sin rumbo predeterminado. Les definió con precisión: «... hablan sin sentido, sonríen sin gracia, comen sin apetito, montan sin ejercitarse y putañean sin pasión». Trasládese tan fiel retrato de toda una casta a nuestros líderes en presencia, con las correcciones de tiempo, distancia y función que hacen al caso y tendremos explicación certera para el amplio muestrario de apagones que se presenta ante nuestros ojos y niebla nuestras esperanzas de futuro.

No hay comentarios: