miércoles, julio 25, 2007

El extraño caso del "agente secreto"

miercoles 25 de julio de 2007
El extraño caso del «agente doble»
LA detención por la Policía española de un antiguo miembro del CNI que vendía información clasificada a los servicios de inteligencia rusos dista mucho de ser una simple anécdota. Aunque Rodríguez Zapatero parece alérgico a la política exterior, España es un actor relevante en las relaciones internacionales como país miembro de la Unión Europea y de la OTAN que ocupa una posición estratégica clave en el sur de Europa. La noticia salta pocos días después de que los medios de comunicación del mundo entero hablaran de un resurgimiento de la Guerra Fría a propósito de los incidentes entre Rusia y el Reino Unido. El «caso Litvinenko» ha traído como consecuencia la expulsión recíproca de diplomáticos, e incluso un amago de conflicto sobre el espacio aéreo británico. En este contexto, la detención en nuestro país de un «agente doble» -a salvo, por supuesto, la presunción de inocencia- introduce un factor de riesgo que no conviene desdeñar. No basta por tanto que el director del CNI afirme, como si fuera un dogma de fe, que la seguridad nacional «no ha estado en riesgo». Con la reserva propia del caso, y ya que su responsable ha comparecido en una insólita rueda de prensa, los ciudadanos tienen derecho a que se aclaren los puntos oscuros de un asunto que deja en el aire demasiados interrogantes.
Ante todo, no parece lógico que el jefe de los servicios de inteligencia comparezca ante los medios de comunicación para hacer pública la detención, cuando lo razonable sería mantener el secreto hasta confirmar todos los datos. Es muy desafortunada y malintencionada la alusión de Alberto Saiz a la situación del CNI en la etapa -entre 2001 y 2004- en que se produjo el presunto espionaje, puesto que el punto de vista partidista es inaceptable en el titular de un puesto que debe actuar con la máxima objetividad al servicio del Estado, y no puede extender sombras de duda sobre el anterior Ejecutivo en materia tan sensible como la que afecta a la seguridad nacional. También se podría recordar al responsable del CNI que la detención se produce después de tres años largos de Gobierno socialista, por lo que habría que preguntarle el porqué de la demora. La sombra de Irak podría planear de nuevo sobre las próximas elecciones, sin descartar que un asunto tan delicado pueda conectarse con la lucha antiterrorista y el proceso de negociación con ETA. Todas las hipótesis están abiertas, ya que el propio Gobierno no ha informado de un caso del que sólo tenemos parcial información a través de la extraña comparecencia del responsable del CNI.
Lo mejor en estas situaciones es que los Servicios de Inteligencia trabajen con eficacia y mantengan una total reserva sobre sus actuaciones. Es de suponer que Alberto Saiz no actuara sin consultar a sus superiores, de modo que es probable que el Gobierno se haya creado un problema que nadie sabe hacia dónde puede derivar. En esta extraña historia del «agente doble», alguien podría quedar en evidencia, porque una cosa son las películas de espías y, otra muy distinta, las informaciones clasificadas que atañen a la defensa y la seguridad de todos. Muy poderosas deben ser las razones que han llevado al titular del CNI a desvelar datos e identidades que, por la propia naturaleza del departamento que dirige, han de conducirse con mesura y discreción. La sorprendente manera con la que Saiz ha trasladado información especialmente sensible en una comparecencia pública -que ha aprovechado para verter críticas sobre el Gobierno anterior- lleva a pensar que estamos en los albores del «caso Flores». Mientras, el Ejecutivo de Rodríguez Zapatero mantiene un medido silencio que llama tanto la atención como la locuacidad del responsable del Centro Nacional de Inteligencia.

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