miércoles, julio 25, 2007

Ramon Perez Maura, Ventaja para Gadafi

miercoles 25 de julio de 2007
Ventaja para Gadafi

POR RAMÓN PÉREZ-MAURA
Hace siete meses describíamos el desafío (ver «Gadafi vuelve a retarnos a todos» ABC 20-12-06) y ayer se cumplían los peores augurios. Un caudillo árabe vuelve a demostrar que su concepto del tiempo difiere del que tenemos los occidentales. Que él puede sentarse a esperar. Y así lo ha hecho. Quizá él aspiraba a un trofeo mayor del que ya tiene -veremos en los próximos días si no llega la condonación de la deuda libia con Bulgaria, unos 30 millones de dólares- pero al fin ha podido exhibir a la mujer del flamante presidente francés peregrinando hasta Trípoli. Francia ha estado ausente de muchos negociados internacionales durante los últimos doce años. Ahora intenta ocupar posiciones de liderazgo y a fe que lo está consiguiendo.
La cuestión aquí es que todos sabemos que las enfermeras búlgaras y el médico palestino no tenían ninguna responsabilidad en la infección del VIH de la que les acusaba el régimen libio. Hasta Luc Montagnier explicó la imposibilidad de su relación con el contagio. Y aun así se quiere presentar como una victoria de Occidente y de la diplomacia francesa el que Libia conmutara la pena de muerte por una de cadena perpetua y autorizara la extradición para que fueran indultados en su país de origen.
Bien está lo que bien acaba, ¡cómo negarlo! Pero se ha hecho de forma y manera que el régimen de Muamar el Gadafi no ha tenido que reconocer ningún error. Y no sólo eso. Ha demostrado su magnanimidad ante los libios al no condenar a la horca a quienes para los ciudadanos del país norteafricano son responsables de la muerte y la enfermedad crónica de centenares de niños libios.
El próximo 1 de septiembre Gadafi cumplirá 38 años en el poder. Él se ha movido con habilidad ante los ojos de los occidentales para parecer más cercano a nosotros. Pero ante su pueblo sigue aparentando la misma fuerza y carisma de aquel coronel que derrocó al Rey Idris I.
Gadafi ha hecho que Sarkozy se postre ante él. Bulgaria recupera a sus enfermeras inocentes. Francia vende un éxito de política exterior. Tres actores contentos, pero los motivos no son equiparables.

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