jueves 11 de enero de 2007
Que devuelva la rosa
Óscar Molina
NO todo lo que produce espanto ha de ser necesariamente feo. La cara del terrorismo se adivina con más certeza en el diabólico semblante de Joseba Permach, en la pinta de desertor del arado que tiene Barrena o en la jeta de cerdo de Otegui. Pero no siempre es así. Ione Goiricelaia, por ejemplo, no es fea. Tampoco es que sea Scarlett Johannsson, pero tiene unos profundos ojos claros enmarcados en un semblante sereno, y una sonrisa llamativa. Así son las cosas a veces, nadie sabe por qué la Naturaleza esconde el veneno bajo apariencias agradables. No hace mucho, a Ione se le dio una rosa blanca. Una rosa por la Paz. La entrega corrió a cargo de la Sección Femenina de la Cofradía del Doble Rasero, o lo que es lo mismo, la parte de cuota mujeril de la Procesión de la Pegatina Asimétrica. Todos y todas los miembros de nuestra farándula subvencionada aplaudieron con fervor el llamado Proceso de Paz, pero concretamente fueron sus féminas las que en audaz y decisivo paso adelante en pos de su compromiso por la liberación de la mujer, se lanzaron a entregar rosas blancas a todo quisque, incluida Ione, la abogada Batasuna. En cierto modo es comprensible que fuera ella la elegida dentro del mundillo de la llamada izquierda abertzale, porque de haber sido Otegi el afortunado con la flor, lo más probable es que se la hubiese comido. Ione debería devolver la rosa. Porque ya no hay Paz. En realidad nunca la hubo, puesto que ETA jamás renunció a sus objetivos maximalistas, y jamás tuvo la menor intención de dejar de matar para conseguirlos. Pero aún hoy la Paz de las rosas está más lejos, puesto que dos nuevas víctimas yacen en sus sepulturas, en unas tumbas a las que ni Pilar Bardém, ni Ana Belén, ni Aitana Sánchez-Gijón se acercarán jamás a colocar una flor como la que entregaron babeantes a Ione Goiricelaia. No va a devolverla. Fundamentalmente porque la rosa que recibió en su día estará hoy tan marchita como el proyecto político de Zapatero, y de ella, como del Proceso de Paz, ya sólo quedarán tallo y espinas. Las mismas espinas que esperaban al final de los pétalos del “mejor que ayer, peor que mañana”. Y por eso mismo, porque la flor se ha echado a perder, se comenta que la Platajunta de Churras y Merinas amenaza con volver a echarse a la calle. A desfilar con los gastadores de siempre a la cabeza de la formación, los Wyomings y Luises Tósares del “No a la Guerra” que ahora nos traerán el “Sí a la Paz”. O lo que haga falta con tal de apagar el fuego que ha prendido en el insondable bosque de las palabras vacías de ZP. Los vamos a ver de vuelta para otorgar el certificado de calidad ISO-Progre 9000 a un Proceso que jamás existió sino en la urna que el Apóstol del Talante tiene por cabeza. Toca volver a aguantar el insoportable coñazo de su vara de medir asimétrica, la que señalará como culpables del derrumbe a quienes nunca creímos en el intercambio de Paz por concesiones políticas. ¡Qué tostón! Lo que seguro no van a hacer es ir a pedirle a Ione la rosa, porque a fin de cuentas y para ellos, la señora en cuestión no es sino depositaria de una particular porción de la injusticia que trajo el 36, una albacea cualificada de las cuentas que la Transición no quiso saldar. Al revés, le darán otra en cuanto puedan.
jueves, enero 11, 2007
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