jueves 24 de mayo de 2007
La Liga desierta
Javier del Valle
A falta de fútbol buena es la emoción con la que la competición española está aderezando los domingos de los aficionados al balompié. Real Madrid, Barcelona, Sevilla y Valencia tienen opciones de proclamarse campeones en la temporada más emocionante de los últimos años. Vuelve la fiebre de los transistores y el torneo parece una carrera de 100 metros o un sprint ciclista en los que la foto final decidirá el ganador. Hay que señalar no obstante que esta diversión –o sufrimiento si la pasión nos corroe por dentro- se la debemos más a los errores de todos los equipos que a los aciertos, porque en condiciones normales cualquiera de estos equipos con un mínimo de regularidad se habría distanciado de sus rivales y habría vencido con comodidad. Es por ello por lo que propugno simbólicamente declarar la Liga desierta, como esos polémicos concursos literarios o artísticos que no encuentran calidad suficiente o un producto fácil de vender y dejan el premio para mejor ocasión. Sería injusto que se proclamase campeón el Real Madrid, que nos ha castigado con un fútbol de perfil muy bajo, y que se llevase los honores el ´doctor´ Fabio Capello, que ha mantenido el rumbo perdido durante toda la campaña. De hecho pienso que el liderato madridista se debe más a la autogestión de la plantilla y a un impulso luchador milagrosamente resucitado que a las sesiones tácticas del entrenador italiano. El Barcelona ha pecado de irregular y no ha sabido aprovechar la delicada situación de su rival en la capital de España. Además ha carecido de grandeza en los partidos importantes de la temporada. Los jugadores han copiado todos los vicios del Real Madrid: delirios de grandeza, poco orgullo por la camiseta, insolidaridad entre la plantilla y celos entre las estrellas... Respecto al Sevilla, que despierta muchas simpatías por la gestión económica y técnica que ha formado una gran plantilla capaz de luchar por tres torneos, está adquiriendo asimismo vicios propios de los nuevos ricos. Especialmente ingrato resulta su presidente José María del Nido, que aprovecha cualquier ocasión para regodearse de los éxitos sevillistas ante la deprimida afición del otro equipo de la ciudad, el Betis. Especialmente feo resultó aquel detalle de la final de la Copa de la UEFA en la que el máximo dirigente hispalense ofrecía el trofeo al príncipe Felipe, que oportunamente declinó la invitación para no menospreciar al otro equipo español presente en la final. Por último, el Valencia de Quique Sánchez Flores se ha mostrado muy irregular y si ganase el título de Liga estaría muy por debajo de los éxitos cosechados por el actual técnico del Liverpool, Rafa Benítez, que dotó al equipo de una solidez y regularidad propia de un equipo campeón. Si el conjunto che se coronase sería producto de una carambola y de la irresponsabilidad de los otros candidatos.
jueves, mayo 24, 2007
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