lunes, mayo 14, 2007

El Papa habla claro en Brasil

martes 15 de mayo de 2007
El Papa habla claro en Brasil
LA intensa visita de Benedicto XVI a Brasil ha culminado en medio del entusiasmo popular y el apoyo oficial, que han permitido al Pontífice sentir el afecto de la gran nación iberoamericana, cuya pujanza económica y demográfica le otorga un papel determinante en el futuro del continente. Con su reconocida sensibilidad, el Papa ha sabido conectar con las preocupaciones reales de una sociedad muy compleja, apoyando la «marcha contra el hambre» promovida por Naciones Unidas y mostrando su cercanía a los más desfavorecidos. También ha dejado un mensaje contundente sobre la historia y sobre el futuro. Así, en contra de una lectura sesgada del pasado que pretende oponer las culturas precolombinas a la evangelización, recordó ante los obispos iberoamericanos que las verdaderas culturas no están cerradas en sí mismas ni petrificadas en el tiempo. Es decir, que hizo una defensa objetiva de la misión de países como España y Portugal en aquellas tierras frente al populismo indigenista que intenta contraponer el mensaje cristiano a ciertas creencias animistas de naturaleza contraria al humanismo. Más importante todavía es la advertencia del Pontífice, formulada con su precisión habitual en el terreno doctrinal, en contra del autoritarismo y de los regímenes basados en la demagogia. Benedicto XVI planteó en Brasil la necesidad inexcusable de que el respeto a los derechos humanos presida el futuro de una parte del mundo que padece todavía residuos de la guerra fría, como el castrismo, a la vez que alimenta nuevos populismos encabezados por Hugo Chávez y sus secuaces.
Resulta llamativo que el líder que predica una supuesta revolución bolivariana introduzca en su discurso un falso sentido religioso mediante la peregrina afirmación de que Jesucristo fue «el primer socialista». Frente a la manipulación de Chávez, millones de fieles tienen muy claro, más todavía después de la visita del Papa, cuál es el punto de vista de la Iglesia católica. La triste herencia del marxismo y la preocupación ante las formas autoritarias de gobierno estuvieron presentes sin rodeos ni ambigüedades en los discursos del Pontífice. Benedicto XVI no olvida, por supuesto, la realidad socioeconómica y de ahí su llamamiento para luchar contra la miseria y las estructuras sociales injustas. Sin embargo, tiene muy claro que la solución no está en volver la vista hacia un pasado imaginario ni en defender proyectos ideológicos dogmáticos y fracasados. Muy al contrario, el futuro está en la justicia y la solidaridad, haciendo de Iberoamérica «el continente del amor». A ese modelo desea contribuir la Iglesia, siguiendo la enseñanza del Papa, para transmitir el verdadero mensaje de Cristo frente a cualquier falsificación interesada.

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